El 22 de marzo de 2021, en el Día Mundial del Agua, las y los pobladores de más de 20 comunidades tomaron por sorpresa a Puebla al emerger como un frente e iniciar una acción contra la explotación hídrica que logró una hazaña ambiental que resonó hasta a nivel internacional: tomaron la planta embotelladora de la empresa Bonafont, la convirtieron en un cetro cultural, la “Casa de los Pueblos, Altepelmecalli” y, durante 11 meses, y frenaron sus actividades de extracción que acaparaban cerca de 591 millones de litros de agua anuales.
A cinco años de ese hito del activismo protagonizado por los Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes, la planta de Bonafont pareciera una fortaleza de película de zombis; lograron que las autoridades desalojaran a los pobladores y ahora la mantienen vigilada las 24 horas con guardias privados y doble vaya frente a su entrada; pero la realidad es que sólo sostienen una infraestructura congelada, no han logrado volver a operar, los y las defensoras del territorio le llaman “las ruinas de Bonafont” e incluso llamaron a una reunión frente a este sitio en el que una vez más, como cada aniversario, izaron sus coloridas mantas de batalla ambiental para volver a contar la historia de lo que lograron y tomar inspiración en esos hechos para marchar por más conflictos socio-ambientales en los que hay ejes de lucha.

Con la imagen de un Emiliano Zapata rodeado de agua y chapulines al frente, con copal en mano y la clásica consigna “de norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste” sumada a llamados de solidaridad con Cuba y Palestina, las y los pobladores avanzaron en una “Caravana Rodante por el Agua, la Vida y el Territorio”, que suscribió el llamado de los Otomíes del pueblo de Santiago Mexquititlán, Querétaro, y, desde las “ruinas de Bonafont” en Juan C. Bonilla, entre Cuanalá y Zacatepec, avanzó rumbo al pueblo de Tlaltenango, luego acudieron a San Miguel Analco, a Santa Ana Xalmimilulco y arribaron finalmente al Plantón en Defensa del Agua, en San Miguel Xoxtla, donde ahora se concentra la batalla más fuerte por el agua en Puebla, pues lleva meses sin saldar la disputa por los codiciados pozos de este municipio que ha visto el decrecimiento acelerado de sus cuerpos de agua y el desabasto de su población a lo largo de décadas de sobre explotación en favor de la capital del estado, un conflicto en el que las y los habitantes se mantienen firmes pese a enfrentar presiones de manera cotidiana.
El mensaje de los pueblos es claro, siguen en lucha pese a la hostilidad del panorama porque tienen las razones de la tierra de su lado y un cúmulo de experiencias de organización que nos legaron un episodio único que por 11 meses puso de rodillas a una empresa perteneciente al poderoso Grupo Danone, un ejemplo de que hasta los corporativos globales pueden ser convertidos en casas de los pueblos, donde el canto, las enseñanzas, los animales de granja y las sesiones de arte y jornadas de toma de decisiones bajo un sistema popular, pueden remplazar a la depredación ambiental.












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