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Reforma electoral y mezquindad partidista

Reforma electoral y mezquindad partidista

El momento en que la sociedad exige reformas profundas y democráticas electorales, topa con intereses mezquinos de partidos políticos y sus integrantes.

Si partimos que los partidos políticos son entidades creadas para incentivar la participación democrática de la ciudadanía de un país y servir como representante y organizador de quienes comparten sus objetivos, intereses y valores políticos, así como su visión de la sociedad.

Su objetivo fundamental es proponer candidatos para los cargos públicos de elección popular, a quienes les ofrecen apoyo electoral. Los partidos políticos tienen estatutos o reglamentos que sus afiliados deben respetar. Solo de ese modo podrán proponerse como candidatos del partido en un proceso de elecciones o participar de la toma de decisiones del partido.

Para difundir sus propuestas y seducir a los votantes, los partidos políticos elaboran una plataforma y diversos programas donde detallan los principales problemas de la sociedad y las soluciones que proponen a cada uno de ellos. Por «partido» nos referimos entonces al conjunto de redes y entornos que expresan posiciones y los intereses de movimientos sociales en sus reclamos, exigencias y manifiestos de hacer cumplir la Constitución en respeto a sus derechos todos: en sí, hacer de la democracia un acto de justicia social.

De ahí que un partido político debe asumir dichas voces sociales para integrarlas en sus programas de partido, desde su dirigencia, intelectuales y técnicos, militancia, afiliados y simpatizantes, quienes mantengan un activismo permanente de traducir las demandas en manifiestos o elementos legislativos para hacer cumplir la Constitución y democratizarla en favor social.

Pero, si todo ello se reduce a ponderar a las dirigencias sin apego a sus estatutos, entonces rompen con sectores sociales que no encuentran ya eco a sus demandas, porque ven que dicho partido se convierte en electorero y de buscar el poder para entablar complicidades con poderes económicos nacionales y extranjeros, jamás con la nación y mucho menos con el pueblo.

Así es como en la historia de México el poder político en gobiernos que se asumen por el bien nacional, en los hechos es lo contrario, al imponer modelo económico neoliberal que privatiza a la nación, precariza derechos laborales y salarios, mermando el sector salud y educativo, desactivando investigación científica y tecnológica que contribuya en el desarrollo nacional, amparándose en la complicidad entre el PRI y PAN, inicialmente, se promueven como los paladines de la democracia en tiempo electoral. Es tiempo de que se enfrenten al pueblo elector todos los aspirantes a un cargo, que sean medidos por sus hechos y no figurines.

De ahí la urgencia de emprender reformas electorales a fondo, de acuerdo a exigencia y reclamo social contra oportunismo de integrantes de los partidos políticos que están lejos o traicionan al pueblo, mediante el diseño de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con el Plan A, que permitiría a la sociedad hacer valer su voto contra impostores, arribistas y mezquinos hambrientos del poder.

La oposición estaba festejando, en plena celebración, salían en todos los medios de comunicación, a hablar de una victoria histórica de un día para la democracia, el Plan A, el gran proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum, había caído en el Congreso, los números no alcanzaron, la votación se perdió, y ellos la oposición se lo creyeron, de verdad, con toda el alma, se creyeron que habían ganado.

Al día siguiente, apenas unas horas después Claudia Sheinbaum se paró frente a los micrófonos del país y presentó el Plan B, y así en el tiempo casi de inmediato, la celebración eufórica de anoche se convirtió en el pánico absoluto de hoy, porque la oposición concibió con una derrota aplastante del gobierno, era en realidad el señuelo, el cebo, la provocación fríamente calculada que los forzó a mostrar exactamente quienes son y qué defienden frente a todo el país, y mientras todos ellos gastaban hasta el último gramo de su energía política y mediática en derrotar el Plan A, el verdadero golpe el que en verdad importa estaba listo, cargado y esperando el momento exacto, para que salieran a flote los verdaderos gusanos barrenadores.

Hoy, para que se entienda el por qué y qué pasó todo esto, tenemos que analizar un día antes: en el pleno de la cámara de diputados se reunió para para votar el famoso Plan A, que no era cualquier cosa, era el paquete de reformas constitucionales más ambicioso y polémico del sexenio de la presidenta Claudia, el que buscaba de tajo eliminar los diputados y senadores plurinominales, esos que nadie elige directamente, reducir drásticamente el financiamiento millonario a los partidos políticos y, quizás lo más importante, transformar el Instituto Nacional Electoral (INE), desde sus raíces más profundas, el resultado final de la votación, 259 votos a favor, 234 en contra, a simple vista parece una victoria para el gobierno, verdad, 259 es más que 234, pues no lo fue para una reforma constitucional en México se necesita una mayoría calificada, es decir, dos tercios de todos los diputados presentes y 259 votos no llegan ni de cerca a esos dos tercios.

La reforma constitucional no pasó, murió en el pleno, inmediatamente los líderes del PRI, del PAN, de Movimiento Ciudadano, e incluso algunas fracciones del Verde y del PT que se opusieron, salieron a los medios con una cara de triunfo que no podían ocultar. Hablaban que habían evitado el autoritarismo, de haber defendido las instituciones, de haberle puesto un alto definitivo al gobierno, las portadas de los medios de comunicación, reflejaban ese triunfalismo, esa sensación de victoria, y mientras todo ese espectáculo ocurría, en Palacio Nacional, el equipo de Claudia Sheinbaum estaba ejecutando con precisión quirúrgica, el plan que tenían preparado desde el principio, porque el Plan A, nunca fue diseñado para ganar la votación, fue diseñado para hacer que la oposición perdiera, no que perdiera la votación, eso era lo de menos, que perdiera mucho más valioso, el beneficio de la duda, la posibilidad de seguir diciendo que defienden principios y no intereses particulares, con esos 234 votos en contra la oposición firmó el registro parlamentario con el nombre y apellido de cada diputado que prefiere el mantener los presupuestos millonarios de los partidos, antes que reformar un sistema que a todas luces es un despilfarro, oposición que se quitó la máscara de democracia para mostrar el verdadero rostro de mezquindad y falsos profetas.

La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo informó que el Congreso al contar con su Plan B de la Reforma Electoral, subrayó que no quitará el dedo del renglón sobre el rechazo a su iniciativa, al asegurar que buscará hacer efectiva la reducción de los privilegios a los partidos políticos.

“Nosotros vamos a seguir insistiendo, para que haya disminución de privilegios a partidos y la elección de todos los diputados, es algo que ha pedido la gente. No se logró ahora, pero eso no quiere decir que quitemos el dedo del renglón”, aseguró en conferencia de prensa.

Firmaron que prefieren sus escaños plurinominales garantizados, sus curules que seguros antes que someter esa posición al voto directo de los ciudadanos, firmaron que prefieren un INE costoso, burocrático y lleno de privilegios, antes que uno más austero y ciudadano, ése registro existe, es público y el gobierno lo va a usar como un arma política durante años, no fue una derrota del gobierno, fue una radiografía completa de la oposición, pagada con el capital político de la oposición misma, y entonces, llegó esta mañana del 14 Claudia Sheinbaum, anunció que se presenta formalmente el Plan B, y lo describió con una claridad que no dejó el más mínimo espacio de interpretaciones.

Entre quienes se negaron a no votar en las filas de la alianza Morena, Verde y PT, está Olga Sánches Cordero, quien tiene privilegios económicos por su pensión cuando estuvo en la SCJN, una Olga que estuvo presente en el Congreso, que la virgen le habló y se le fue el avión para no votar. Otro que presume de ser “gran conocedor” del quehacer político, mañas y entrañas, lo es Ricardo Monreal, cada vez más lejos de Morena y cada día más cerca de Movimiento Ciudadano, porque fue parte de las negociaciones del Plan A, si resultado positivo, jugó en aparentar moverse, pero no por el país y sí por sus intereses personales, familiares y de otros amigos no de la 4T.

El Plan B no es una reforma constitucional, es un conjunto de reformas a leyes secundarias, y por qué eso importa tanto, porque para una reforma constitucional, que necesitan convencer a la oposición para llegar a los dos tercios del Congreso para reformar leyes secundarias, sólo necesitas mayoría simple, la mitad más uno, y el gobierno tiene esa mayoría simple absolutamente garantizada.

Es decir, el Plan A que requería convencer a los adversarios, el Plan B no los necesita para absolutamente para nada, pero lo más interesante no es el procedimiento legislativo, es lo que el plan B ataca, porque mientras el Plan A iba por los grandes símbolos del poder, por las grandes estructuras, el Plan B es discreto, técnico y mucho más doloroso, va directo por el dinero; el Plan B recorta drásticamente el financiamiento público a los partidos políticos, reduce los presupuestos de los organismos electorales locales en los estados, los llamados Oples, que son los que organizan las elecciones a gobernador, alcaldes y diputados locales; modifican los votos en las coaliciones, haciendo mucho más difícil que los partidos pequeños sobrevivan colgados de uno grande y, como remanente, refuerzan los mecanismos de democracia directa incluyendo referendos vinculantes, y aquí viene el golpe de gracia, la aplicación de la modificación de revocación de mandato a gobernadores y alcaldes a partir de 2027, he ahí la diferencia, el Plan A era un Circo Romano de principios e instituciones, un enfrentamiento vistoso para las cámaras, el Plan B es una cirugía a corazón abierto en las arterias financieras de toda la clase política tradicional, no les quita los escaños plurinominales directamente, les quita el dinero con el que compran la lealtad y operan las maquinarias que los mantienen en esos escaños, no desaparece el INE de un sólo golpe, le recorta el presupuesto hasta que opere con lo mínimo indispensable y sin los fideicomisos millonarios que lo hacen financieramente autónomo de la supervisión ciudadana, no elimina los partidos chicos por decreto, simplemente cambia las reglas de arrastre de votos en una coalición, para que cada uno tenga que demostrar su fuerza real en las urnas, su verdadero peso electoral.

Es una guerra de desgaste económico y en una guerra siempre pierde el que tiene menos recursos propios que en este caso es precisamente es la oposición, al fortalecer la fiscalización de los recursos de partidos políticos, con intervención de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) para revisar su origen, si así lo solicita el INE, tras el rechazo a la propuesta de disminuir su presupuesto.

Agregando que la elección del Poder Judicial se realice en la intermedia de 2027, pero con menos candidatos en las boletas, de manera que cada comité de candidatura –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– opte por un hombre y una mujer a partir de una mayor revisión de perfiles.

“Ese es en esencia el plan B. Nosotros vamos a seguir insistiendo en que el INE debe bajar su presupuesto y que no se deben destinar tantos recursos a los partidos”, y que ningún presidente, secretario general, directivo de un partido político o regidor reciba ingresos extras, como bonos, gastos médicos y otros, resaltó la mandataria.

Destacó que habrá tope de 0.7 por ciento del presupuesto estatal para congresos locales; se limita de siete a 15 el número de regidores, además de que va por una reducción progresiva hasta de 15 por ciento en el gasto del Senado.

Mientras tanto, la oposición se mantiene en la negativa de aprobar las iniciativas, su problemas que no presentan alternativas sustentadas como viables, porque siguen en su órbita sin gasolina.

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