Por Mariana Cordero.
Desde 2021, la empresa española encargada de comercializar productos del mar alrededor del mundo, Nueva Pescanova, había anunciado su proyecto más reciente que se volvería polémico en breve y lo llevaría a su cancelación total 5 años más tarde.
El plan era en grande: una inversión de 65 millones de euros, en el plazo de un año la compañía gallega instalaría la primera granja comercial de pulpos en el mundo. 52,000 metros cuadrados en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria destinados a instalar todo lo necesario para hacerlo realidad, con una proyección de 3,000 toneladas de pulpos al año, generando oportunidades de trabajo con 300 vacantes.
Desde un principio ya había oposición de numerosas organizaciones científicas, ambientalistas y animalistas tanto locales como internacionales.
En 2022, la científica Elena Lara, responsable de investigación de Compassion in World Farming explicó porqué era inaceptable que la comercializadora pusiera en marcha sus planes y elaboró un informe reclamando al Gobierno español “hacer lo correcto, lo moral y lo ético”, haciendo un llamado a las autoridades españolas para que no permitieran a Canarias ni a ningún otro lugar del país la apertura de estos campos de exterminio.
Estos octópodos siguen representando un enigma para los científicos que siguen explorando sus capacidades y sorprendiendo al mundo con los descubrimientos sobre la gran inteligencia que poseen estos animales marinos.
Por su naturaleza salvaje, no son animales que puedan criarse en granjas para su reproducción masiva y comercialización para el consumo humano. Necesitan de la estimulación constante, que solo los ecosistemas marinos pueden brindarles de manera auténtica, para desarrollarse plenamente.
Llevar al cautiverio a estos seres sintientes y tan inteligentes sólo con el propósito de producirlos para el consumo humano es lo que abre el debate entre científicos, defensores de los animales y la demanda que crece en el mercado pesquero.
Afortunadamente, a finales de julio de este año, después de las protestas que se realizaron en Canarias y otras partes del mundo, y una larga batalla legal de cinco años con la Autoridad Portuaria de Las Palmas, el gigante Nueva Pescanova anunció el fin de su proyecto al desistir en el procedimiento para obtener la concesión demanial para instalar su “Granja de cultivos marinos”.
La empresa afirmó que “no resulta oportuno continuar impulsando la solicitud de concesión presentada en los términos actualmente planteados”, pues se demandaban nuevos requerimientos administrativos por parte de la Comisión Autonómica de Evaluación Ambiental. Haber retrocedido en este proyecto, según declararon, “responde exclusivamente a consideraciones empresariales y regulatorias derivadas de la evolución del procedimiento administrativo”.
A pesar de que no niegan la necesidad de atender las “observaciones y condicionantes” de distintos órganos sectoriales y someter el proyecto a una evaluación ambiental por los efectos que pueda generar, esta cancelación no representara un triunfo para los grupos defensores del ambiente y de los animales, pues en sus declaraciones la empresa explica que la cancelación de la granja se debe meramente a cuestiones administrativas.
México es precursor de este tipo de proyectos
Así como en España, Chile y Japón, México también persigue el objetivo de las granjas comerciales de pulpos desde hace más de 15 años.
En el pueblo de Sisal, en la península de Yucatán, investigadores la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) llevan más casi dos décadas desarrollando investigaciones en torno al pulpo maya (Octopus maya) en conjunto con la cooperativa fundada por mujeres yucatecas Moluscos de Mayab, dedicada a la pesca y comercialización.
Ubicada directamente frente al mar en una concesión federal de 6,700 metros cuadrados, con aproximadamente 23 tanques de reproducción para estos cefalópodos rojos, sólo el 23% se utiliza para fines de conservación e investigación y el resto para la reproducción y venta.
La unidad Sisal UNAM explota al máximo el único ciclo de reproducción que tiene esta especie en sus 18 meses de vida y con un peso de tan sólo 250 gramos se sacrifica y vende una media de 388 pulpos por ciclo a cadenas hoteles de lujo y restaurantes de alta gama que los sirven como un manjar costoso.
Es la demanda de estos animales para consumo humano lo que ha crecido tanto en el mercado lo que llevó a investigadores y empresarios a explorar mejores condiciones para su reproducción y conservación en su etapa más vulnerable; sin embargo, al ser una especie solitaria y frágil, no contaban con que el canibalismo que se da en estas grandes poblaciones en cautiverio los haría tener grandes pérdidas.
Con fondos del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) a través del SGP (Programa de pequeñas subvenciones) del GEF (Global Environmental Facility) del 2020 al 2021, y de la Secretaría de Pesca y Agricultura de Yucatán con la “campaña peso a peso”, la granja no logra alcanzar las metas de producción.
No existe una manera humanitaria en que estos seres puedan ser cultivados, mucho menos cuando la comercialización se disfraza de investigación. Este tipo de “granjas” muchas veces tienden a trabajar bajo irregularidades que no miden riesgos ambientales, sanitarios y tampoco contemplan el impacto que pueden generar en comunidades pesqueras de la zona.









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