La propuesta de Gianni Infantino para abrir a inversionistas privados una parte de los negocios relacionados con la Copa del Mundo tiene como primer interesado a Thrive Eternal, firma encabezada por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La operación ha incrementado los cuestionamientos contra el presidente de la FIFA, cuya cercanía con el mandatario estadounidense ha provocado críticas sobre la neutralidad política y la independencia del organismo rector del futbol internacional.
El proyecto contempla la creación de FIFA Forward Enterprise, una filial que concentraría las operaciones comerciales y de organización de los principales torneos de la FIFA, entre ellas los derechos de transmisión, patrocinios, venta de entradas, licencias y otros ingresos generados por los mundiales varonil y femenil, así como por el Mundial de Clubes.
La nueva compañía tendría una valoración inicial cercana a los 20 mil millones de dólares. La FIFA pretende vender una participación minoritaria, de hasta 20 o 21 por ciento, para recaudar alrededor de 4 mil 200 millones de dólares, aunque conservaría el control mayoritario y las decisiones relacionadas con la organización deportiva de sus competencias.
Thrive Eternal, vehículo de inversión de largo plazo vinculado con Thrive Capital, encabezaría el grupo interesado en adquirir esa participación. Ambas empresas fueron fundadas por Joshua Kushner, hermano menor de Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump y exasesor de la Casa Blanca.
Hasta ahora no existen elementos que indiquen una inversión personal de Donald Trump o Jared Kushner. El vínculo con el presidente estadounidense se establece mediante Joshua Kushner y su firma, cuya posible participación se conoce en medio de la estrecha relación que Infantino ha construido con la familia presidencial.
La FIFA ha señalado que el proyecto todavía se encuentra en fase de consulta y no constituye una operación cerrada. Las 211 asociaciones nacionales afiliadas tendrían hasta el 19 de septiembre para pronunciarse sobre la iniciativa. Como parte del plan, cada federación podría recibir un pago inicial cercano a 20 millones de dólares, además de mayores recursos para programas de desarrollo en los siguientes ciclos.
Infantino sostiene que la entrada de capital privado permitiría fortalecer financieramente a las asociaciones miembro sin ceder la conducción deportiva del futbol. Sin embargo, sus críticos consideran que los incentivos económicos presionan a las federaciones para respaldar una propuesta cuyos efectos sobre la propiedad y explotación comercial de los torneos no han sido discutidos con suficiente transparencia.
La UEFA y sus 55 federaciones integrantes han rechazado el proyecto al considerar que la Copa del Mundo no pertenece a la dirigencia de la FIFA para convertirla en un activo financiero. La oposición europea ha escalado hasta la amenaza de un boicot contra futuras competencias si el plan no es retirado.
La controversia se ha extendido al ámbito político estadounidense. El legislador demócrata Jamie Raskin ha cuestionado los vínculos entre la FIFA, los Kushner y Trump, además de advertir sobre la necesidad de investigar la operación y las relaciones financieras alrededor de la nueva empresa comercial.
Los señalamientos se producen después de una serie de episodios que han exhibido públicamente la cercanía entre Infantino y el mandatario estadounidense. En diciembre de 2025, el dirigente de la FIFA entregó a Trump el primer Premio de la Paz creado por el organismo, después de que el presidente estadounidense no obtuviera el Premio Nobel de la Paz, reconocimiento por el que había promovido abiertamente su candidatura.
La relación volvió a generar polémica durante el Mundial de 2026, cuando Trump presumió haber llamado directamente a Infantino para abordar la sanción impuesta a un jugador de la selección estadounidense. Aunque la FIFA sostuvo que el asunto siguió los procedimientos correspondientes, la intervención del presidente alimentó las acusaciones sobre una posible influencia política en decisiones deportivas.
La incomodidad también se manifestó en las tribunas. Durante la ceremonia de premiación de la final del Mundial, disputada en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey, Trump e Infantino fueron recibidos con abucheos cuando ingresaron juntos al terreno de juego. El mandatario entregó el trofeo a España e intentó permanecer junto al equipo durante la celebración, hasta que el presidente de la FIFA lo condujo fuera del centro del podio.
A pesar de esa reacción del público, la cercanía entre ambos podría extenderse más allá del futbol. Reportes publicados después del Mundial señalaron que Trump pretende promover a Infantino como candidato a secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, cargo que sustituirá a António Guterres al concluir su mandato. La versión difundida sostiene que el presidente estadounidense considera que el dirigente de la FIFA tiene capacidad para relacionarse con gobiernos y figuras políticas de distintos países.
El cargo referido no es el de “presidente de la ONU”, sino el de secretario general, cuya designación requiere una recomendación del Consejo de Seguridad y la aprobación de la Asamblea General. Por ello, un eventual respaldo de Trump no garantizaría por sí mismo el nombramiento de Infantino.
En ese contexto, el interés de Thrive Eternal en FIFA Forward Enterprise añade un componente financiero a una relación que ya abarca encuentros políticos, reconocimientos públicos, intervenciones en asuntos deportivos y ahora una posible candidatura para encabezar Naciones Unidas.
La propuesta de venta permanece sujeta a la aprobación de las asociaciones y los órganos de gobierno de la FIFA. Sin embargo, la presencia de una firma dirigida por el hermano del yerno de Trump ha abierto una disputa sobre quién puede participar en el negocio del Mundial y hasta dónde llegan los vínculos políticos y económicos construidos por Infantino.










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