Entre escombros y genocidio, infancias de Gaza crean sus propios juguetes

Entre escombros y genocidio, infancias de Gaza crean sus propios juguetes

Desde octubre de 2023, cuando Israel declaró la guerra en Gaza, las infancias palestinas han visto interrumpidos sus derechos más básicos. Miles de niñas y niños gazatíes han tenido que crecer entre ataques, desplazamientos y escombros, buscando alternativas para continuar con una de las actividades esenciales de cualquier infancia: jugar.

Ese mismo año, Maher al Taba’a, director de la Cámara de Comercio e Industria de Gaza, confirmó que entre las restricciones impuestas por Israel se encontraba el bloqueo a la importación de juguetes hacia la Franja.

La medida no solo afectó al comercio, sino también a la llegada de materiales destinados a la ayuda humanitaria. La única excepción fue UNICEF, que consiguió introducir cantidades limitadas de material recreativo y educativo, insuficientes frente a las necesidades de la población infantil.

Lo que antes eran parques donde niñas y niños corrían entre risas, ahora son espacios destruidos o convertidos en refugios para familias desplazadas.

Entre los escombros, las infancias de Gaza siguen jugando

Ante la destrucción de sus hogares, escuelas y espacios de recreación, las niñas y niños de Gaza han recurrido a su imaginación para fabricar juguetes con los materiales que encuentran a su alrededor.

Palos de madera, piedras, latas, cables, botellas de plástico, cajas de cartón se convierten, con ayuda de sus familias, en juguetes y actividades que les permiten distraerse durante algunas horas de la realidad que los rodea.

Móviles hechos con botellas, columpios improvisados y muñecas fabricadas con retazos de tela son algunas de las alternativas que los padres han encontrado para ofrecer a sus hijos momentos de juego y descanso en medio del desplazamiento.

Con estas iniciativas, las familias buscan recuperar, aunque sea de manera improvisada, uno de los derechos fundamentales de las infancias: el descanso, el esparcimiento y el juego.

“¿Qué amenaza para la seguridad puede suponer un balón, una muñequita o un juguete electrónico?”, cuestionó Abu Abdel Rahman.

La escasez también ha afectado a los comerciantes de juguetes: Hilmi Barbakh, propietario de las tiendas Al Qal’a (El Castillo), solía importar mercancía de China y adquirir localmente alrededor de 30 camiones de juguetes y material educativo cada año.

Sus existencias se agotaron durante los primeros seis meses de la guerra. Desde entonces, aseguró, no ha recibido autorización para reponerlas, al igual que otros comerciantes e importadores de Gaza.

Los pocos juguetes que permanecen disponibles son revendidos a precios sumamente elevados, mientras las familias enfrentan la necesidad de priorizar la compra de alimentos y otros productos básicos.

Israel actúa como si las cometas como drones

Las restricciones sobre los juguetes no terminaron con las prohibiciones de 2023. En agosto de 2026, cuatro cometas que cayeron en Nahal Oz, una población israelí ubicada a menos de un kilómetro de la Franja de Gaza, provocaron una nueva respuesta del gobierno de Benjamin Netanyahu.

El portavoz de Hamás en Gaza, Hazem Qasem, afirmó que las cometas habían sido fabricadas por niñas y niños palestinos que viven en campamentos de desplazados. Según su descripción, se trataba de cometas pequeñas elaboradas con materiales precarios y sin elementos peligrosos.

A pesar de ello, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió que, si los lanzamientos “no cesan de inmediato”, el Ejército israelí intensificaría sus operaciones contra los responsables y evacuaría a la población de las zonas desde donde fueran lanzadas.

El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, también aseguró que las cometas debían ser tratadas como drones, independientemente de si portaban explosivos.

“Una cometa se trata como un dron, con o sin explosivos”, afirmó Katz.

Mientras continúan las restricciones y la destrucción de infraestructura en Gaza, las infancias palestinas siguen encontrando formas de jugar. En un territorio marcado por el genocidio y el desplazamiento, una botella puede convertirse en un móvil, una caja en un columpio y algunos pedazos de tela en una muñeca.

Para ellas y ellos, jugar no representa únicamente un momento de diversión: es también una forma de conservar parte de su infancia en medio de un conflicto que ha transformado sus hogares, escuelas y espacios de recreación en escenarios de destrucción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *