Dos días han pasado y no hay bullicio entre los morenistas poblanos. Las redes de “fans de la 4T”, “los revolucionarios”, “los verdadera 4T”, sólo hablan de lo nacional e internacional. Se comparten notas sobre García Luna, insultan a los trabajadores del Poder Judicial, lamentan el genocidio en Palestina, aplauden a Sheinbaum, se enojan con Garci por la manipulación de IA de la senadora Andrea Chávez…. todas causas muy suyas, pero lejanas, como si en su propio estado nada pasara, como si la mitad de sus compañeros no hubieran sido derrotados y la otra mitad no fueran migajeros rogando el favor de quienes antaño ayudaron a encarcelar a los que construían causa y partido cuando no había poder, como si no hubieran sido humillados y obligados a mantener “la unidad” cuando el operador financiero de Peña Nieto en 2012 y último hombre en ver vivos a los Moreno Valle se convirtió en alcalde por la 4T.
Mientras guardan silencio y sueñan que los avances nacionales los compensan por el partido perdido, los que ganaron, los gatopardistas, celebran la alegre ratificación del nuevo institucionalismo; el que sólo debe ser un poco más medido que sus viejos compañeros de PRI, PAN y PRD, el que debe soltar dos o tres menciones diarias de que “el pueblo es primero” mientras deja que los cacicazgos prevalezcan y los intereses empresariales sigan siendo prioritarios a todo.
Sergio Salomón, el priista mutado a morenovallista y luego a morenista que veló a Barbosa como diputado y lo enterró como gobernador, será el encargado de migración nacional y clavó a su ficha más preciosa en el ayuntamiento de Puebla.
El capital gobierna y los morenistas no tienen fuerzas ni para decirlo en un mitin, ni siquiera por la mera pizca de orgullo de enunciar que el traje de regeneración del emperador no existe, que realmente está desnudo y su cuerpo apesta a viejo régimen.
Todos están demasiado cansados o están demasiado ocupados fingiendo que tragan moscas por el bien mayor para admitir que el discurso y escenario de José Chedraui Budib al tomar posesión fueron como un salto a los tiempos en que Andrés Manuel López Obrador era la oposición, sólo con unos goteos de menciones vacías del “humanismo mexicano”.
Aún más que cuando el ahora perdonado César Yáñez tenía su boda fifi, los morenistas de base parecen coleccionistas de recuerditos de AMLO más que promotores de transformaciones sociales. Están tan callados ante el hecho de que Miguel Ángel Osorio Chong fue uno de los invitados de honor de Chedraui, que costaría creer que alguna vez gritaron en las calles contra el ex secretario de Gobernación de Peña. Tampoco parece molestarles que en una toma de protesta de Morena hayan más sillas de honor para Mariano Piña Olaya, Guillermo Pacheco Pulido y Melquiades Morales, que para los que lucharon por forjar votantes sosteniendo por años círculos de estudios, comités barriales y brigadeos.
¿La derrota a sus insuficientes protestas contra la candidatura de Chedraui fue tan dura que ya se volvieron indolentes y no les ofende que el único trazo de discurso popular del nuevo alcalde sea la crítica al endeudamiento y los baches que le vino como regalo del cielo gracias a la ineptitud de Adán Domínguez?
¿Los años de Barbosa y Salomón besando la mano de un arzobispo que quiso bloquear la despenalización del aborto e influir en las elecciones de 2024 los acostumbró tanto al conservadurismo que ya no les ofende que Chedraui se hubiera ido a bendecir antes de asumir el mando de un poder laico?
¿No les da vergüenza que el plan de seguridad que presume el nuevo edil de la 4T sea más corto que el fallido programa de Eduardo Rivera y que haya agradecido al grupo Femsa porque su gran innovación es la instalación de cámaras y enlaces entre el C5 y las tiendas OXXO?
¿No les molesta que una regidora que hace tres años señalaba a Biestro por intoxicarla durante la toma del Congreso ahora se doble riendo mientras posa en una foto con el mismo hombre que como presidente de partida dio pena, como diputado sólo dejó huella por reforzar la privatización del agua y agredir activistas y ahora es defensor de un gabinete prianista?
¿No les revuelve el estomago que hablara de humanismo, derechos humanos y bienestar al mismo tiempo que Antonio Gali y Luis Banck le aplaudían al presumir que sus ejes de desarrollo son una calca del discurso morenogalista de crecimiento empresarial, turismo y proyectos engañabobos como Smart City Latam?
Es claro que las bases morenistas poblanas ya sólo usan sus pulmones cuando celebran en el zócalo de la Ciudad de México un proceso transformador que en su propio estado es poco más que el triunfo del transfuguismo más vulgar.
Pónganse sus calcetines de amlito, abracen sus muñecas de Sheinbaum y besen el recuerdo de sus viejas luchas, porque si no son capaces de alzar la voz por la pura dignidad de intentar convocar futuras masas, la historia terminará de pulverizarlos en aras del nuevo viejo régimen.








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