La falla del sistema de seguridad ferroviaria LZB y las decisiones tomadas desde el centro de control se encuentran entre los principales puntos de investigación tras la colisión de dos trenes de alta velocidad en Urda, Toledo, España. El expediente de la autoridad investigadora elevó a 74 la cifra de personas fallecidas, aunque el Gobierno de Castilla-La Mancha había reportado previamente 69 víctimas mortales. Las autoridades buscan esclarecer por qué se autorizó la circulación de un tren AVE de Renfe mientras otro convoy de la compañía Iryo permanecía detenido en la vía.
El accidente ocurrió la mañana del miércoles 28 de octubre, en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. El tren AVE de Renfe embistió por la parte trasera al convoy de Iryo, que se encontraba detenido. La fuerza del impacto provocó el descarrilamiento de varios vagones, algunos de los cuales cayeron por un talud. Decenas de personas resultaron heridas y alrededor de 50 continuaban hospitalizadas al día siguiente.
La reconstrucción de los hechos sitúa uno de los primeros puntos críticos alrededor de las 08:30 horas, cuando una falla informática afectó al sistema de señalización y control LZB. La avería provocó que varios trenes quedaran detenidos temporalmente en el tramo, incluidos los dos convoyes involucrados en la colisión.
El LZB es un sistema de control ferroviario que transmite información entre la infraestructura y los trenes para supervisar la circulación, regular la velocidad y mantener distancias de seguridad. Cuando se interrumpe la comunicación, los procedimientos de protección buscan evitar que las unidades avancen sin las condiciones necesarias. Por ello, una de las preguntas centrales de la investigación es cómo se gestionó el tránsito mientras persistían los problemas técnicos.
De acuerdo con las comunicaciones difundidas por medios españoles, a las 08:36 horas el centro de control de Adif autorizó al maquinista del AVE a desconectar y reconectar el sistema y reanudar la marcha. Durante los minutos siguientes, el tren recorrió aproximadamente 25 kilómetros, mientras el convoy de Iryo permanecía detenido.
La conductora de este último había informado al centro de control que no conseguía restablecer el sistema LZB y que continuaba parada ante una señal de entrada. Sin embargo, la colisión ocurrió alrededor de las 08:53 horas, antes de que se resolviera la situación. La secuencia conocida hasta ahora sitúa en unos 17 minutos el periodo entre la autorización inicial y el impacto.
Uno de los aspectos que deberá aclararse es bajo qué condiciones se permitió que el AVE reanudara su marcha. La circulación normal y la marcha a la vista implican procedimientos distintos: en esta última, el maquinista debe avanzar a una velocidad que le permita detener el tren ante cualquier obstáculo. La velocidad exacta del convoy al momento del choque y el cumplimiento de las instrucciones deberán establecerse mediante el análisis de los registros ferroviarios.
La investigación también deberá considerar las advertencias previas sobre el funcionamiento del LZB. Semanas antes del accidente, el consejero delegado de Iryo, Fabrizio Favara, había señalado que las desconexiones entre los equipos del tren y los de tierra podían inmovilizar las unidades y que recuperar la comunicación podía tomar bastante tiempo.
Esa declaración coloca bajo revisión el conocimiento previo de las incidencias y los procedimientos previstos para responder a ellas. Sin embargo, determinar si esas advertencias guardan relación directa con el choque dependerá de los resultados de la investigación técnica.
Tras la tragedia, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se comprometió a que las indagatorias lleguen hasta el final. Por su parte, el ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el accidente de “inverosímil e inexplicable”, mientras representantes de la oposición comenzaron a exigir que se esclarezcan los hechos y se determinen las posibles responsabilidades políticas.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios deberá reconstruir la secuencia del siniestro, examinar los registros del sistema de señalización y establecer si hubo fallas técnicas, errores humanos o deficiencias en los protocolos de actuación. Entre las cuestiones por resolver está por qué el aviso sobre el tren detenido no impidió que el AVE continuara su recorrido hasta el punto de la colisión.
La investigación deberá esclarecer qué falló en el sistema de señalización, por qué el tren AVE recibió autorización para continuar su recorrido y si se aplicaron los protocolos de seguridad previstos para estas situaciones. Los resultados permitirán establecer cómo se produjo la colisión y deslindar las responsabilidades correspondientes
Investigan fallas en el sistema LZB tras choque de trenes en Toledo











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