La derrota del Partido Republicano en las elecciones intermedias de Estados Unidos no solamente debilitó al presidente Donald Trump y a sus aliados en América Latina. En México, el nuevo equilibrio de poder modifica también el escenario para empresarios y políticos opositores que durante los últimos dos años buscaron en Washington respaldo, interlocución o un contrapeso frente al gobierno de Claudia Sheinbaum.
Entre ellos destacan el empresario Ricardo Salinas Pliego, el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, la senadora panista Lilly Téllez y el activista conservador Eduardo Verástegui, aunque el grado y naturaleza de su relación con el trumpismo son diferentes.
El golpe electoral para Trump fue considerable. Los demócratas recuperaron este martes tanto la Cámara de Representantes como el Senado, después de conseguir triunfos incluso en estados que habían respaldado ampliamente al republicano apenas dos años antes.
Con ello terminará en enero el periodo durante el cual Trump contó simultáneamente con la Casa Blanca y mayorías republicanas en ambas cámaras del Congreso.
El presidente estadounidense continuará en el cargo hasta enero de 2029 y conservará amplias facultades, particularmente en política exterior. Sin embargo, enfrentará un Congreso opositor con capacidad para investigar a su gobierno, controlar comités, intervenir en nombramientos y obstaculizar parte de su agenda legislativa.
El cambio afecta también los cálculos de quienes en México apostaron por construir relaciones con el trumpismo.
Salinas Pliego buscó respaldo del gobierno de Trump
Uno de los acercamientos más notorios fue el de Ricardo Salinas Pliego, propietario de Grupo Salinas y uno de los empresarios que durante los últimos años ha endurecido su confrontación pública con Morena y el gobierno federal.
En enero de este año realizó una gira por Washington para denunciar lo que calificó como una “persecución política” del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Después de acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar supuesto hostigamiento fiscal, judicial y administrativo, el empresario aseguró haber sostenido reuniones con integrantes de la administración de Trump.
Salinas Pliego afirmó entonces que se había reunido con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, para hablar sobre sus empresas y la situación económica de México.
La realización de ese encuentro no fue confirmada públicamente por Washington, por lo que la versión provino del propio empresario.
El acercamiento con el entorno trumpista, sin embargo, comenzó antes.
Su conglomerado empresarial fue uno de los patrocinadores de un baile inaugural relacionado con Donald Trump Jr. y el senador republicano Ted Cruz. Salinas Pliego también acudió a una celebración navideña en la Casa Blanca y ha participado en espacios vinculados con la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).
Durante su visita de enero, el empresario celebró explícitamente el cambio político producido por el regreso de Trump a la Presidencia y sostuvo que en Estados Unidos existía un “nuevo aire político” favorable a la libertad económica, la desregulación y la reducción de impuestos.
Su acercamiento se produjo al mismo tiempo que incrementó su actividad como opositor al gobierno de Sheinbaum y dejó abierta la posibilidad de participar directamente en política rumbo a 2030.
“Alito” convirtió Washington en otro frente contra Morena
El presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, ha seguido una estrategia diferente, pero igualmente orientada hacia Washington.
Durante el actual gobierno mexicano ha realizado al menos cinco viajes a la capital estadounidense para denunciar lo que considera una deriva autoritaria de Morena y acusar a integrantes del oficialismo de posibles relaciones con el crimen organizado.
Tres de esos viajes ocurrieron solamente durante 2026.
Moreno ha sostenido reuniones con legisladores estadounidenses, representantes de organismos internacionales y funcionarios de la administración Trump.
En febrero acudió ante integrantes del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, donde acusó a políticos de Morena de mantener relaciones con el narcotráfico.
Meses después regresó a Washington para presentar nuevas denuncias y solicitar acciones contra funcionarios mexicanos.
En agosto llevó al Departamento de Estado una denuncia contra tres consejeros electorales mexicanos, a quienes acusó de restringir su libertad de expresión.
Su estrategia trasladó así una parte de la confrontación política interna mexicana hacia Estados Unidos.
El dirigente priista ha encontrado interlocutores tanto republicanos como demócratas, por lo que la pérdida republicana del Congreso no elimina necesariamente esos canales.
Lo que sí cambia es el contexto político bajo el cual realizó sus gestiones: Washington dejará de estar controlado simultáneamente por Trump y su partido.
Lilly Téllez pidió utilizar el T-MEC para presionar a México
La senadora panista Lilly Téllez también buscó interlocución con sectores estrechamente relacionados con el movimiento conservador estadounidense.
En septiembre de 2025 viajó a Washington para participar en un foro organizado por la Heritage Foundation y el America First Policy Institute, dos organizaciones con fuertes vínculos con la derecha estadounidense y el movimiento político de Trump.
Ahí planteó que la administración republicana utilizara la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) para exigir al gobierno de Sheinbaum garantías sobre democracia y Estado de derecho.
Téllez sostuvo que Washington debía incorporar esos asuntos a la negociación comercial con México.
La legisladora también ha defendido una mayor colaboración estadounidense contra los cárteles mexicanos.
Su caso, sin embargo, requiere una distinción: no existe evidencia pública suficiente para describirla como integrante del círculo político de Trump ni como una interlocutora personal del presidente estadounidense.
Su acercamiento ha sido principalmente con organizaciones, medios y actores del movimiento conservador que rodea al mandatario.
Verástegui, el respaldo mexicano más abierto a Trump
Mucho menos ambiguo es el caso de Eduardo Verástegui.
El exactor y activista conservador hizo campaña abiertamente por Trump entre los votantes latinos durante la elección presidencial de 2024.
Como dirigente de CPAC México se convirtió en uno de los principales promotores mexicanos de la agenda política de la derecha estadounidense y difundió incluso una canción denominada “Latinos con Trump” para solicitar el voto por el republicano.
Su identificación política continuó después de la elección.
En febrero de este año llegó a calificar a Trump como “el mejor presidente que México ha tenido”, al atribuir a la cooperación estadounidense resultados de seguridad obtenidos contra el narcotráfico.
Verástegui carece actualmente del peso institucional de Moreno o Téllez y tampoco posee el poder económico de Salinas Pliego, pero representa la identificación ideológica más abierta con el movimiento MAGA entre las figuras públicas mexicanas que han buscado participar en política.
Trump permanece; lo que perdió fue el control del Congreso
La derrota republicana no significa que Salinas Pliego, Moreno, Téllez o Verástegui hayan perdido sus contactos estadounidenses.
Tampoco implica que Washington vaya a modificar automáticamente su relación con el gobierno mexicano.
Trump continuará controlando la política exterior desde la Casa Blanca durante los próximos dos años y conservará amplias atribuciones sobre migración, seguridad, comercio y la relación bilateral.
El cambio se encuentra en otra parte.
Desde enero, la Casa Blanca deberá convivir con un Congreso controlado por los demócratas.
El resultado de las intermedias fue particularmente adverso para los republicanos. Los demócratas conquistaron siete escaños senatoriales que estaban en manos de sus adversarios y obtuvieron triunfos en estados que Trump había ganado en 2024, mientras todavía permanecían sin definición algunas contiendas.
En la Cámara de Representantes consiguieron también la mayoría necesaria para terminar con el control republicano del Congreso.
Los nuevos legisladores podrán citar a funcionarios, abrir investigaciones, controlar comités y fiscalizar decisiones de la administración. El Senado tendrá además capacidad para intervenir en las confirmaciones de altos funcionarios y jueces.
Apostaron por Washington; Washington cambió
Durante los primeros dos años del segundo mandato de Trump, distintos sectores de la oposición mexicana encontraron en Washington un espacio para llevar sus disputas con Morena.
Salinas Pliego acudió para denunciar una supuesta persecución política y buscar interlocución con funcionarios del gobierno estadounidense.
Alejandro Moreno convirtió sus visitas a Washington en una extensión de sus denuncias contra Morena.
Lilly Téllez pidió a organizaciones cercanas al trumpismo que Estados Unidos utilizara incluso la negociación del T-MEC para presionar al gobierno mexicano.
Y Eduardo Verástegui asumió directamente la causa política de Trump.
Ninguno de ellos participó en las elecciones estadounidenses del martes ni perdió un cargo en ellas.
Pero todos apostaron, en diferente medida, por un Washington en el que Trump no solamente ocupaba la Casa Blanca, sino que disponía de un Congreso controlado por su partido.
Los electores estadounidenses modificaron esa ecuación.
Trump seguirá siendo presidente y continuará siendo un actor determinante en la relación con México. Pero desde enero los políticos y empresarios mexicanos que buscaron en su gobierno un contrapeso frente a Sheinbaum tendrán que relacionarse con un Washington dividido, donde los adversarios del presidente controlarán las dos cámaras del Congreso.










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