El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano falleció a los 92 años. Aunque nunca llegó a la Presidencia de México, encabezó el movimiento que desafió al régimen priísta en 1988, fundó el PRD y abrió las puertas al primer gobierno de izquierda elegido democráticamente en la capital del país.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, una de las figuras fundamentales de la transformación democrática de México y de la construcción de la izquierda electoral contemporánea, falleció este miércoles 28 de octubre, a los 92 años. Tres veces candidato presidencial, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal elegido por voto popular, su trayectoria estuvo marcada por una paradoja histórica: nunca alcanzó la Presidencia de la República, pero encabezó uno de los movimientos que contribuyeron decisivamente a terminar con el sistema de partido hegemónico.
Su nombre quedó asociado para siempre con la elección presidencial de 1988, las denuncias de fraude electoral y la movilización ciudadana que exigió respeto al voto en un país donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) había concentrado el poder durante décadas. Su muerte cierra una etapa de la historia política mexicana protagonizada por una generación que convirtió la democratización de las instituciones, la soberanía nacional y la justicia social en sus principales demandas.
Hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río y de Amalia Solórzano Bravo, nació el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México. Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desarrolló una trayectoria que combinó la actividad profesional, el servicio público y la participación política.
El apellido Cárdenas representaba una de las tradiciones más importantes del nacionalismo revolucionario mexicano. Su padre había encabezado entre 1934 y 1940 una administración identificada con la reforma agraria, la organización popular y la expropiación petrolera. Sin embargo, Cuauhtémoc construiría una trayectoria propia, cuyo principal legado estaría relacionado con la lucha por la apertura del sistema político.
Participó en el Movimiento de Liberación Nacional, surgido en 1961, donde se vinculó con las demandas de independencia económica, soberanía y transformación social. Posteriormente desarrolló proyectos de ingeniería en la cuenca del río Balsas, en Michoacán.
Fue senador de la República a partir de 1976 y gobernador de Michoacán de 1980 a 1986, ambos cargos bajo las siglas del PRI. Sería precisamente dentro de ese partido donde comenzaría la ruptura que transformaría la historia electoral del país.
1988: la elección que cambió la política mexicana
A mediados de los años ochenta, el PRI seguía siendo el centro del poder político nacional. La Presidencia tenía una influencia determinante sobre la selección de candidatos, mientras la oposición enfrentaba condiciones desiguales para disputar los principales cargos públicos.
Dentro de ese escenario, Cárdenas impulsó junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros dirigentes la Corriente Democrática, que exigía procedimientos internos más abiertos y cuestionaba el abandono de los principios nacionalistas y sociales del partido gobernante.
La ruptura se consumó en 1987. Cárdenas abandonó el PRI y comenzó a construir una candidatura presidencial respaldada por distintas organizaciones políticas y sociales, que terminaron agrupándose en el Frente Democrático Nacional.
Su campaña de 1988 logró reunir a sectores de izquierda, movimientos campesinos, organizaciones populares, antiguos priístas y ciudadanos que demandaban elecciones auténticamente competitivas.
El 6 de julio de ese año ocurrió uno de los episodios más controvertidos de la historia electoral mexicana: la llamada caída del sistema.
Durante el cómputo de los resultados presidenciales se interrumpió el flujo de información del sistema electoral, entonces bajo responsabilidad de la Secretaría de Gobernación. La anomalía alimentó las denuncias de fraude y puso en duda la transparencia de la elección.
El triunfo fue atribuido oficialmente a Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI, pero Cárdenas y sus seguidores rechazaron los resultados y denunciaron que se había desconocido la voluntad popular.
Las movilizaciones posteriores reunieron a miles de personas que exigían esclarecer los resultados electorales. La elección de 1988 se convirtió así en un punto de inflexión para la oposición y para las demandas de transformación de las instituciones encargadas de organizar los comicios.
En una entrevista concedida a Luis Hernández Navarro para La Jornada en mayo de 2024, Cárdenas recordó que el movimiento decidió mantener una resistencia civil pacífica, evitando una confrontación violenta con el gobierno.
La salida fue construir una organización política que permitiera continuar por la vía institucional los objetivos que habían movilizado a sus seguidores.
Aquella decisión tendría consecuencias duraderas. Aunque el movimiento no consiguió modificar el resultado oficial de 1988, contribuyó a abrir una etapa de presión ciudadana por reformas electorales, organismos más autónomos y condiciones de competencia menos desiguales.
El nacimiento del PRD y la construcción de una izquierda electoral
El 5 de mayo de 1989, Cuauhtémoc Cárdenas participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, una organización que reunió a sectores provenientes de la Corriente Democrática del PRI, integrantes del Partido Mexicano Socialista y diversas corrientes de izquierda.
Entre sus principales impulsores estuvieron Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Heberto Castillo, quienes buscaron construir una fuerza política capaz de disputar el poder mediante elecciones.
La fundación del PRD representó la convergencia de movimientos y organizaciones que durante años habían participado de manera separada en la vida política mexicana.
Sin embargo, sus primeros años también estuvieron marcados por la violencia. Militantes y dirigentes perredistas fueron víctimas de asesinatos y agresiones en distintas regiones del país, particularmente durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Durante un homenaje celebrado por la UNAM en 2024, Cárdenas recordó que la lucha democrática posterior a 1988 había dejado centenares de víctimas, cuyos crímenes continuaban sin esclarecerse.
El ingeniero presidió el PRD durante su primera etapa y volvió a competir por la Presidencia en 1994 y 2000.
Aunque perdió las tres elecciones presidenciales en las que participó, su presencia contribuyó a consolidar una opción electoral de izquierda con alcance nacional, en un sistema político que hasta entonces había limitado considerablemente las posibilidades de alternancia.
El triunfo de 1997: cuando la izquierda llegó al gobierno de la capital
Nueve años después de la controvertida elección presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas alcanzó uno de los triunfos más importantes de su carrera política.
El 6 de julio de 1997 ganó la primera elección popular para jefe de Gobierno del Distrito Federal, convirtiéndose en el primer representante de la izquierda en ocupar ese cargo mediante el sufragio ciudadano.
Hasta entonces, la máxima autoridad de la capital mexicana había sido designada por el presidente de la República. Los habitantes del Distrito Federal no podían elegir directamente a su gobernante.
La reforma que permitió esa elección constituyó uno de los cambios fundamentales de la democratización del país.
El triunfo de Cárdenas coincidió, además, con otro acontecimiento histórico: por primera vez, el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.
Ambos resultados evidenciaron que el control político ejercido durante décadas por el partido gobernante comenzaba a modificarse.
Cárdenas encabezó el gobierno capitalino de 1997 a 1999, cuando dejó el cargo para participar nuevamente en la elección presidencial de 2000.
Su victoria abrió una etapa de gobiernos de izquierda en la capital y convirtió a la ciudad en uno de los principales espacios de consolidación de las fuerzas políticas que habían surgido de las movilizaciones democráticas de los años ochenta.
En 2000 se produjo finalmente la primera alternancia presidencial después de siete décadas de gobiernos del partido hegemónico, con el triunfo de Vicente Fox, del Partido Acción Nacional.
Aunque Cárdenas no fue el beneficiario electoral de aquella alternancia, el movimiento que encabezó en 1988 había sido uno de los factores que contribuyeron a modificar las condiciones políticas que la hicieron posible.
Una democracia que no terminaba en las urnas
Para Cuauhtémoc Cárdenas, la democracia no debía limitarse a elecciones competitivas o a la sustitución de un partido por otro en el gobierno.
En una entrevista publicada por El País en febrero de 2022, explicó que la democracia también debía traducirse en igualdad social y económica, acceso a la educación, servicios de salud y oportunidades para toda la población.
Esa concepción estaba relacionada con la tradición política que defendió a lo largo de su vida: el fortalecimiento de la soberanía nacional, la protección de los recursos estratégicos y la intervención del Estado para combatir la desigualdad.
Fue un crítico de las políticas neoliberales y de los proyectos de privatización del sector energético. También respaldó las demandas de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y la necesidad de cumplir los Acuerdos de San Andrés, suscritos durante el proceso de diálogo con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Su trayectoria no estuvo exenta de diferencias con las propias organizaciones de izquierda.
En noviembre de 2014 renunció irrevocablemente al PRD, partido que había contribuido a fundar 25 años antes. Cuestionó las decisiones de sus dirigentes, las prácticas clientelares y el predominio de las corrientes internas sobre los principios que habían dado origen a la organización.
La ruptura ocurrió en medio de la crisis política provocada por la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.
Años después mantuvo una posición de independencia respecto de distintos gobiernos, incluso de aquellos encabezados por fuerzas políticas con las que compartía antecedentes históricos.
En noviembre de 2025, durante la presentación de un libro coordinado por Porfirio Muñoz Ledo, expresó su preocupación por la falta de diálogo entre el gobierno federal y las voces críticas, además de insistir en la necesidad de una reforma fiscal que permitiera financiar mayores oportunidades de bienestar social.
El legado de Cuauhtémoc Cárdenas
A lo largo de su trayectoria recibió distintos reconocimientos por su participación en la vida pública.
En 2011 fue distinguido con la Medalla Belisario Domínguez, otorgada por el Senado de la República en reconocimiento a sus aportaciones a la construcción democrática del país.
En enero de 2026, el Instituto Politécnico Nacional le concedió el doctorado honoris causa por su trayectoria y contribución a la sociedad mexicana.
Todavía en marzo de ese año, Petróleos Mexicanos anunció su participación al frente de una comisión consultiva destinada al análisis estratégico de la industria petrolera, un nombramiento relacionado con una de las causas que defendió durante su vida: la soberanía energética.
En el ámbito personal, estuvo casado desde 1963 con Celeste Batel, fallecida en octubre de 2021, con quien tuvo tres hijos: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila.
La trayectoria de Cárdenas abarcó distintas etapas del México contemporáneo: el nacionalismo revolucionario, el predominio del PRI, las grandes movilizaciones opositoras, la transición electoral y la llegada de la izquierda a distintos espacios de gobierno.
Su contribución no consistió únicamente en haber fundado un partido o competido por la Presidencia, sino en haber encabezado un movimiento que amplió las posibilidades de participación y representación de sectores que cuestionaban la concentración del poder político.
Las reformas electorales, la alternancia y el pluralismo que caracterizaron las décadas posteriores no fueron obra de una sola persona, sino resultado de luchas sociales, organizaciones ciudadanas y distintas corrientes políticas. Cárdenas fue uno de sus principales protagonistas.
Su fallecimiento deja también una reflexión sobre los límites de aquella transición: la democratización de las elecciones no significó, por sí misma, la desaparición de las desigualdades económicas, la violencia o las prácticas autoritarias.
Son problemas sobre los que el propio ingeniero insistió durante sus últimos años de vida pública.
Cuauhtémoc Cárdenas se fue sin haber ocupado la Presidencia de la República. Pero su nombre permanecerá ligado a la transformación de un país en el que, durante décadas, disputar el poder al partido gobernante parecía una tarea casi imposible.












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