Cinco de cada diez estudiantes universitarios en México ya recurren a una inteligencia artificial cuando sienten ansiedad, estrés o tristeza. Entre los docentes, la proporción es todavía mayor: seis de cada diez. Así lo revela la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa (ENIAG 2025), presentada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), en lo que representa uno de los ejercicios más amplios realizados en el país sobre el uso de estas herramientas.
El estudio reúne las respuestas de un millón 539 mil estudiantes y 163 mil docentes de 2 mil 900 universidades, tecnológicos y escuelas de educación superior, tanto públicas como privadas, distribuidas en todo México. La magnitud de la muestra permite conocer con mayor precisión para qué utiliza la comunidad universitaria la inteligencia artificial, y los resultados muestran que su presencia ya va más allá de las tareas y las dudas académicas.
Uno de los datos que más llama la atención es que 55.1 por ciento de los estudiantes y 63.4 por ciento de los docentes recurren a la IA generativa para pedir consejos relacionados con ansiedad, estrés, depresión o tristeza.
Pero el uso emocional no se limita a buscar consejos. Cuatro de cada diez estudiantes aseguran utilizar estas herramientas para desahogarse o sentir que alguien los escucha, mientras que una proporción similar recurre a ellas en busca de motivación o palabras de ánimo. Además, casi tres de cada diez han simulado una conversación con alguien que pueda brindarles apoyo y uno de cada cuatro las ha utilizado para valorar si necesita atención psicológica.
En términos absolutos, dentro de la muestra analizada, la SEP contabilizó a más de 840 mil estudiantes que señalaron haber utilizado la inteligencia artificial específicamente como apoyo emocional, frente a cerca de 100 mil docentes. De quienes reportaron esta experiencia, ocho de cada diez consideraron que les resultó de mucha ayuda y seis de cada diez son mujeres.
Ante estos resultados, la propia SEP plantea una lectura que va más allá de considerar el fenómeno como una alarma. En el documento oficial, la dependencia señala que esta tendencia puede representar una oportunidad para que las universidades identifiquen y atiendan necesidades relacionadas con la salud mental de sus comunidades.
Sin embargo, la dependencia también establece un límite: la inteligencia artificial puede brindar acompañamiento, pero no sustituye la atención de un profesional de la salud mental.
En ese sentido, Perla Leal, académica de la Universidad Iberoamericana, reconoce que una herramienta de inteligencia artificial puede ofrecer cierta contención en un momento de necesidad, particularmente cuando una persona requiere hablar y no tiene a quién recurrir de inmediato.
No obstante, advierte que su alcance termina ahí, pues una IA no puede sustituir un proceso terapéutico, el cual requiere trabajar con un especialista para resignificar experiencias y desarrollar herramientas que permitan afrontar de manera adecuada las situaciones que atraviesa una persona.
El resto de la encuesta confirma, además, que la inteligencia artificial generativa ya forma parte de la vida cotidiana en las universidades del país. Seis de cada diez estudiantes y docentes la utilizan al menos una vez por semana, nueve de cada diez tienen conocimiento sobre estas herramientas y apenas 3 por ciento de los alumnos asegura no haberlas utilizado.
Con este nivel de penetración, el reto para las instituciones de educación superior ya no se limita a incorporar la inteligencia artificial en las aulas. Los resultados también ponen sobre la mesa la necesidad de fortalecer los servicios de atención psicológica, particularmente ante el creciente número de estudiantes que encuentra en un chatbot una primera alternativa para hablar cuando enfrenta ansiedad, estrés o tristeza.









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