El grito de mujeres buscadoras que hizo eco en la FIL Guadalajara

El grito de mujeres buscadoras que hizo eco en la FIL Guadalajara

133 mil 552 personas se encuentran en calidad de desaparecidas en nuestro país hasta este jueves 4 de diciembre.

Algunos rostros ausentes se despliegan en una lona, no todos pudieron encontrar espacio en dos metros de plástico de largo. Pero los que se plasman se colocan al centro de una sala ostentosa de un hotel, exigiendo ser vistos, ser buscados y ser encontrados. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, el grito se repite dos veces y el silencio de los presentes resuena en acompañamiento.

Los llamados de las madres buscadoras, la indignación convertida en clamor, se apropiaron así de un espacio dentro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, acuerpando a las madres que buscan día tras día desde las calles hasta las tareas cotidianas buscando respuestas y accionando ante la falta de apoyo de las autoridades.

Que claro, este debería resonar a lo largo de todo el recinto.

En este espacio Investigadoras e integrantes de Amnistía Internacional expusieron con crudeza, porqueno hay otra forma de exhibir lo que falta, las que no deben quedarse en las cifras: “en este país desaparecen diariamente alrededor de 40 personas cada día”.

Entre los nombres ausentes se encuentra el de Jaime Adolfo Castro Martínez, desaparecido el 25 de noviembre de 2018. El tiempo pasa y a la vez se estanca en el hogar de Yadira Martinez, quien espera lo mismo todas las noches: el retorno o el hallazgo. En la búsqueda le arrebatan su trabajo, porque la productividad capitalista no tiene tiempo para hallar a quienes no están.

Su hijo, el más pequeño, ve a su madre y le dice “ya no llores”. Pero las lágrimas no paran. Desde casa hasta la sala de la FIL, el llanto acompaña al pronunciamiento que visibiliza el trabajo duro y agotador de todas quienes salen, localizan, cantante, desenterran y nombran hasta hallar.

Como Yadira, las buscadoras sufren las secuelas del cansancio perpetuo, a veces enmascarado en la acción interminable de todos los días. La tensión muscular, las quijadas endurecidas, el crujido de los dientes y el dolor en los ojos se percibe de un momento a otro.

“Hay mujeres que han perdido la dentadura o están perdiendo la dentadura por el bruximo”, describió Edith Olivares como parte del contenido del informe. “Hay muchas mujeres que están reportando desprendimiento de retina por el llanto prolongado”, narra Olivares.

“Hay muchos trastornos de salud mental; depresión, insomnio, ataques de pánico, ataques de ansiedad que están vinculados a no saber donde está el familiar desaparecido, pero también vinculados a la labor de búsqueda”

El riesgo de buscar sucede desde lo privado a lo publico, con afectaciones a la salud físicay mental, a violencia y amenazas contra las madres por su labor y afectaciones económicas que imposibilitan o agravan todas las situaciones anteriores.

La lucha y resistencia se extiende en más de un sentido. El documento redacta: en México, 33 personas buscadoras han sido asesinadas, 16 de ellas, mujeres. Colectivas como Hasta Encontrarte relata que duermen en sillones cercanos a las salidas, previendo ser, de igual manera, desaparecidas, y así evitar que sus demás familiares sean agredidos.

El peligro se da por sentado. Yadira halla impulso en la fuerza, la esperanza y la fé de que encontrará a Jaime. Con este soporte exige a las autoridades que exista más protección antes, durante y después de la labor de todas: “Nosotros salimos a campo día a día, y salimos nadamas con una patrulla”.

El informe “Desaparecer otra vez: Informe sobre riesgos que enfrentan las mujeres buscadoras” describe la crudeza que no debe enterrarse. De las voces de numerosas madres se encuentra sosiego y un acuerpamiento entre quienes escuchan y también buscan desde su trinchera.