La marcha del 8 de marzo de 2026 en Puebla no será solo una movilización contra la violencia de género, sino un ejercicio político de articulación feminista con análisis estructural, marcado por la participación activa del Frente Comunicacional Antifascista, cuya incorporación redefine el sentido y el alcance de la protesta.
Desde este frente, la convocatoria al 8M se asume como una marcha antifascista, antirracista, antiespecista, anticapitalista y anticolonial, que coloca al feminismo como una herramienta crítica frente al avance de discursos de odio, autoritarismos y formas de violencia que se sostienen desde el poder político, económico y simbólico.
La participación del Frente Comunicacional Antifascista marcará uno de los ejes centrales de la movilización, al plantear el 8M como un espacio de disputa del sentido público de la protesta. Su presencia supondrá un énfasis en la dimensión política del feminismo, no solo como denuncia de agresiones individuales, sino como una herramienta para señalar los sistemas de poder que sostienen la violencia, la exclusión y la criminalización de la protesta.
De acuerdo con la convocatoria, la movilización partirá del Reloj El Gallito del Paseo Bravo a las 15:30 horas, integrando a colectivas feministas, mujeres diversas, personas trans y no binaries, madres buscadoras y activistas, bajo la premisa de que no puede haber justicia de género sin justicia social.
El enfoque comunicacional del Frente también busca disputar el sentido público del 8M, frente a intentos de despolitización, criminalización o reducción de la protesta a un evento simbólico. A través de narrativas propias, consignas y acción colectiva, se plantea el 8M como un espacio de memoria, denuncia y organización.
En un contexto de cifras persistentes de feminicidios, desapariciones y violencia sexual en Puebla, la marcha se configura como un encuentro de luchas interconectadas, donde el feminismo se posiciona como una fuerza política capaz de confrontar el fascismo cotidiano, el racismo estructural y la precarización de la vida.
A lo largo de la marcha, también se habilitarán espacios de toma de la palabra, mediante consignas organizadas y un micrófono abierto itinerante, donde activistas, sobrevivientes y familiares de víctimas podrán expresar denuncias, reflexiones y exigencias de justicia desde sus propias voces, colocando los testimonios en el centro de la movilización.
Durante el avance del contingente, se integrarán acciones de memoria, como el nombramiento colectivo de mujeres víctimas de feminicidio y desaparición, así como expresiones gráficas y performativas que acompañarán el recorrido. Estas intervenciones buscarán vincular la protesta con la memoria activa y reforzar el carácter político del 8M como una jornada de denuncia y resistencia.
En conjunto, la marcha del 8M 2026 en Puebla se configurará como un acto colectivo en movimiento, donde la protesta, la memoria y la acción directa convivirán en el espacio público. Más que una conmemoración, la jornada se proyectará como un ejercicio de organización y análisis feminista que confronta el fascismo cotidiano, el racismo estructural y todas las formas de violencia que atraviesan la vida de mujeres y disidencias.









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