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La justicia de los conejos: no es Liam, pero lo vimos en el acto de Bad Bunny

La justicia de los conejos: no es Liam, pero lo vimos en el acto de Bad Bunny

¿Es racismo o credulidad “woke” el haber confundido el rostro de un niño actor, de origen argentino-egipcio, llamado Lincoln Fox, con Liam Conejo Ramos, el pequeño de raíces ecuatorianas detenido por ICE? ¡Claro que no! Nuestra confusión no nació de la bruma de la discriminación que reduce a las personas a colores de piel sin distinción alguna, ni del autoengaño bobo que el conservadurismo quiere adjudicar a quien no se le ajusta. Fue confusión, pero vino de un hambre de justicia que ve la carita triste de Liam en cada niño latino que merece una sonrisa y está aspirando a estructurar una meta en común; y también fue el efecto de haber sido tocados por el arte. Presenciamos un espectáculo de Bad Bunny cargado de política, riqueza simbólica y reivindicación y nos pareció natural ver materializado lo que necesitamos en el mismo núcleo de Estados Unidos: a los tiranos derrotados en el Super Bowl por conejos cantadores y justicieros que reparten amor a los infantes sufriendo en este mundo.

Sí fue una Fake News, pero no una nacida de manipulaciones como aquellas con las que los Epsteins, Trumps y Netanyahus mueven los hilos del poder y arrasan con los más inocentes para armar sus regímenes de pesadillas. Hay que decir la verdad, fue un bulo gestado por el genuino error de un corazón colectivo que quisiera ver a Liam en un campo de cañas y luz donde se le de alivio y alegría, en vez del inmerecido sufrimiento que atraviesa en el imperio MAGA que captura y encarcela niños migrantes en Estados Unidos, da luz verde a los bombardeos de niños en Palestina, Nigeria y Venezuela, y que aumenta su desabasto en Cuba.

Miles de personas -incluyendo a periodistas de medios internacionales y revistas especializadas- vimos el rostro que se ha vuelto la representación de cada migrante sufriendo en el planeta, en las mejillas morenas de Lincoln -que en realidad evoca al Bad Bunny niño soñando con triunfar,- porque los sueños latinos de los que haba el cantante son burbujas de ilusión que vemos petrificarse cada vez que ICE derriba una puerta, persigue a una persona o encierra a un niño; y que quisiéramos ver revivir con el mismo candor de la mirada chispeante que Lincoln nos regaló con su extraordinaria actuación.

Como diría Aristóteles, en la historia, en el acontecimiento factual, vemos los accidentes que en realidad ocurrieron; pero en la poética están los universales. Ante el poema de Bad Bunny, vimos a Liam, a un niño universal que no podemos sacar de nuestra mente, porque las épicas que hoy necesitamos cantar (como si fueran hechizos para traer a la vida a modernos Cides campeadores), son relatos de justicia y alivio para los oprimidos. Ese es el hilo narrativo que estamos buscando para cambiar nuestra situación global

Vimos a Benito Antonio Martínez Ocasio -el Conejo Malo- darle su Grammy a Liam Conejo Ramos, en vez de a Lincoln Fox, porque ese niño actor y ese cantante hicieron bien su trabajo. Nos generaron ilusión, nos hicieron pensar en un lindo mundo en que todo se conjuga romper con el relato monótono y repugnante de cinismo y crueldad, y abrir un mágico cuento donde un artista puede ser un animal espiritual o hada andrógina coronada con su pava de paja, que al entregar un objeto dorado reconstruye la risa del niñito de sombrerito de conejo azul que alguna vez fue atrapado entre la nieve por los monstruos de su tierra.

Soñamos porque presenciamos arte, porque el concierto cumplió con su cometido primordial de transportarnos a una historia de alegría y esperanza donde todos los países del continente son nombrados y tenemos la fuerza para decir ¡basta de horrores! Nos hizo sentir un mundo feminista y queer, pero también familiar; una tierra tan tradicional como evolutiva; tan variado como compartida; una alegría y libertad colorida que los conservadores quieren aplastar porque el anticolonialismo y antiimperialismo murmullan suavemente en su venas aún cuando laten desde la tribuna del coliseo de la Roma actual.

De nuestra confusión debemos aprender a empatar la historia con la poesía. Liam fue un espejismo que armamos voluntariamente porque necesitamos hacer realidad la justicia que le debemos a las infancias. Necesitamos derrotar las islas de los monstruos y hacer brotar los campos de los conejos.

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