Ni el anuncio de una planta de Audi por 4 mil millones de dólares, con la promesa de crear 4 mil 500 empleos, alcanzó para evitar una amplia derrota de los republicanos en Georgia, uno de los estados donde Donald Trump concentró sus esfuerzos durante los últimos días de las elecciones intermedias.
Nueve días antes de los comicios, el presidente estadounidense llevó al director general de Audi, Gernot Döllner, al escenario de un mitin republicano en Perry para anunciar la construcción de la primera fábrica de la automotriz alemana en Estados Unidos.
Trump presentó la inversión como una demostración de que su política arancelaria estaba obligando a las empresas extranjeras a producir dentro del país.
El momento elegido tenía una evidente dimensión electoral: Trump se encontraba en Georgia para pedir el voto por el republicano Mike Collins, quien intentaba arrebatar al demócrata Jon Ossoff su asiento en el Senado, y por Rick Jackson, candidato de su partido a la gubernatura.
Ambos perdieron.
Con 99 por ciento de los votos contabilizados, Ossoff obtuvo 59 por ciento frente a 41 por ciento de Collins, una diferencia de alrededor de 750 mil sufragios.
En la elección para gobernador, la demócrata Keisha Lance Bottoms consiguió 54 por ciento frente a 46 por ciento de Jackson y se convirtió en la primera mujer negra elegida gobernadora en la historia de Estados Unidos.
La derrota republicana se extendió además a prácticamente todos los principales cargos estatales disputados en Georgia.
Trump presentó a Audi como prueba del éxito de sus aranceles
El anuncio ocurrió el 24 de octubre.
Trump llegó a Perry para participar en uno de sus últimos grandes actos de campaña antes de las elecciones del 3 de noviembre.
Durante el mitin anunció que Audi construiría una planta en el Middle Georgia Megasite, en Peach County, cerca de Macon.
La compañía alemana prevé invertir alrededor de 4 mil millones de dólares y generar aproximadamente 4 mil 500 empleos directos.
La instalación tendrá capacidad para fabricar hasta 200 mil vehículos anuales, principalmente los SUV de mayor tamaño y precio de la marca.
Será la primera fábrica de Audi en Estados Unidos.
Trump utilizó inmediatamente el anuncio para defender una de las políticas económicas centrales de su segundo mandato: los aranceles.
“Piensen en eso. 200 mil automóviles al año. Es increíble”, dijo ante sus seguidores.
Entonces apareció Döllner.
El presidente del consejo de administración de Audi subió al escenario del acto republicano y anunció que la compañía planeaba producir en Georgia sus SUV más grandes y de mayor precio.
“Esta es una inversión a largo plazo porque creemos en el mercado estadounidense”, explicó.
La escena ofrecía a Trump exactamente la imagen que buscaba durante la recta final de la campaña: el presidente estadounidense acompañado por el máximo responsable de una de las marcas industriales más reconocidas de Alemania para anunciar miles de millones de dólares y miles de empleos en un estado electoralmente disputado.
Audi buscaba también escapar del costo de los aranceles. Pero detrás del anuncio existía una realidad económica más compleja que la presentada durante el mitin.
Audi importa actualmente todos los vehículos que vende en Estados Unidos desde Europa y México.
Eso convirtió a la compañía en una de las fabricantes europeas particularmente expuestas a los aranceles impuestos por Trump.
La propia empresa reconoció que esas medidas le habían costado aproximadamente mil 200 millones de euros durante 2025.
Audi llevaba meses negociando una solución.
De acuerdo con Reuters, la administración Trump discutió con la compañía posibles reducciones arancelarias a cambio de realizar la inversión estadounidense.
Audi buscaba reducir del 15 al 7.5 por ciento los aranceles aplicados a determinadas importaciones europeas, mientras funcionarios estadounidenses estudiaban una reducción cercana al 10 por ciento.
La decisión de construir en Estados Unidos respondía así a una combinación de intereses: ampliar la presencia de Audi en el segundo mercado mundial de automóviles premium y reducir su exposición a los aranceles estadounidenses.
La propia compañía sostuvo que la fábrica permitiría disminuir los riesgos comerciales y cambiarios.
La planta tampoco fue conseguida únicamente por Trump
La historia del proyecto comenzó además mucho antes del mitin electoral.
Una investigación de The Atlanta Journal-Constitution reveló que funcionarios de Georgia llevaban aproximadamente dos años negociando con Audi.
El gobernador republicano Brian Kemp inició las gestiones después de conocer el interés de la compañía en establecer una fábrica estadounidense.
En febrero de 2025, durante un viaje a Alemania, Kemp y funcionarios estatales sostuvieron una reunión reservada con Döllner y otros ejecutivos de Audi.
Las negociaciones continuaron durante los meses siguientes.
Funcionarios de Georgia realizaron viajes a Alemania y ofrecieron a la empresa el Middle Georgia Megasite de Peach County, además de incentivos fiscales, terrenos e infraestructura.
Documentos obtenidos posteriormente por el periódico de Atlanta revelaron que los incentivos ofrecidos para la primera fase podrían superar los mil millones de dólares.
Fue, por tanto, un proyecto negociado durante aproximadamente dos años por autoridades estatales y locales que Trump terminó presentando desde el escenario de un mitin republicano nueve días antes de las elecciones.
La aparición del presidente de Audi provocó un escándalo en Alemania
La participación de Döllner en el acto generó inmediatamente críticas dentro de Alemania y del propio Grupo Volkswagen, propietario de Audi.
La polémica no se centró en la construcción de la fábrica, sino en que el máximo ejecutivo de una compañía alemana apareciera personalmente en un acto partidista estadounidense pocos días antes de una elección.
Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa de Volkswagen, acusó a la dirección de permitir que la compañía fuera utilizada como parte de un espectáculo propagandístico.
Christiane Benner, presidenta del poderoso sindicato IG Metall y vicepresidenta del consejo de supervisión de Volkswagen, calificó la aparición como políticamente inaceptable y sostuvo que podía contravenir las propias reglas de neutralidad política de Audi.
Las normas internas de la compañía restringen la participación pública de directivos y trabajadores en actos de partidos o políticos durante los tres meses anteriores a unas elecciones.
Audi respondió que una delegación se encontraba en Georgia avanzando las negociaciones de la planta cuando recibió la invitación para presentar el proyecto junto con Trump.
Döllner defendió posteriormente su decisión.
Explicó que el proyecto llevaba meses preparándose y argumentó que, si el presidente de Estados Unidos invitaba al responsable de una empresa que planeaba invertir miles de millones de dólares en ese país, correspondía aceptar.
Trump buscaba salvar a Collins y Jackson
La importancia electoral del escenario era evidente.
Georgia había sido uno de los estados decisivos de las últimas elecciones estadounidenses.
Trump lo perdió frente a Joe Biden en 2020 y consiguió recuperarlo cuatro años después.
En 2026, uno de los principales objetivos republicanos era derrotar al senador Jon Ossoff.
Trump utilizó el mitin de Perry para respaldar directamente a Mike Collins.
“Vamos a mandar a Mike Collins al Senado”, dijo ante sus simpatizantes.
El candidato republicano a gobernador, Rick Jackson, también apareció en el escenario y aprovechó el anuncio de Audi.
Jackson agradeció públicamente a Trump y presentó el proyecto como el mayor acuerdo económico de la historia de Georgia.
En el mismo acto, Trump realizó otra promesa todavía más directa al electorado: anunció que entregaría un “dividendo Trump” de 5 mil dólares a cada ciudadano estadounidense adulto si los republicanos conservaban el control de la Cámara de Representantes y el Senado.
Los recursos, aseguró, procederían de los ingresos obtenidos mediante los aranceles.
La propuesta no había sido aprobada por el Congreso ni contaba con recursos presupuestados.
Georgia terminó votando demócrata
Nueve días después, el resultado fue contrario al que buscaba Trump.
Ossoff fue reelegido senador con alrededor de 2.46 millones de votos, 59 por ciento del total, frente a 1.71 millones y 41 por ciento para Collins.
La diferencia fue de aproximadamente 752 mil votos.
Bottoms obtuvo cerca de 2.27 millones de sufragios, 54 por ciento, mientras Jackson recibió alrededor de 1.91 millones, 46 por ciento.
El vuelco no terminó ahí.
Los demócratas ganaron también las elecciones para vicegobernador, secretario de Estado, fiscal general, comisionado de Agricultura, comisionado de Seguros y superintendente escolar, de acuerdo con los resultados disponibles con prácticamente todos los distritos contabilizados.
Georgia, que Trump había recuperado para los republicanos apenas dos años antes, produjo así una de las derrotas más amplias para su partido en las elecciones intermedias.
La fábrica de Audi continuará adelante —sujeta todavía al proceso corporativo de aprobación de Volkswagen— y, de cumplirse los planes, comenzará a producir vehículos a principios de la próxima década.
Los 4 mil 500 empleos prometidos tampoco desaparecerán por el resultado electoral.
Lo que no consiguió el anuncio fue aquello para lo que Trump intentó aprovecharlo durante la última semana de campaña: convertir una inversión industrial multimillonaria en votos suficientes para conservar el poder republicano en Georgia.
Ni Audi pudo ayudarlo.
Abdul El-Sayed, primer musulmán en el Senado de EUA
El demócrata Abdul El-Sayed hizo historia en las elecciones intermedias de Estados Unidos al convertirse en el primer musulmán elegido al Senado, después de imponerse en Michigan al republicano Mike Rogers, en una de las contiendas más observadas de los comicios.
El-Sayed, médico y epidemiólogo de 42 años e hijo de una familia de origen egipcio, ocupará el escaño que deja el demócrata Gary Peters. Su victoria permitió además a su partido conservar una posición que los republicanos consideraban una de sus principales oportunidades para avanzar en el Senado.
Con alrededor de 97 por ciento de los votos contabilizados, El-Sayed aventajaba a Rogers por cerca de siete puntos porcentuales. El resultado adquiere especial relevancia porque Michigan es uno de los estados más competidos del país y Donald Trump lo había ganado en las elecciones presidenciales de 2024.
Médico y exdirector de Salud de Detroit
Abdulrahman Mohamed El-Sayed nació en Estados Unidos en una familia de origen egipcio y desarrolló buena parte de su carrera profesional en el campo de la salud pública.
Entre 2015 y 2017 dirigió el Departamento de Salud de Detroit y posteriormente encabezó el Departamento de Salud, Servicios Humanos y Veteranos del condado de Wayne.
Su primera gran incursión electoral ocurrió en 2018, cuando buscó sin éxito la candidatura demócrata a gobernador de Michigan.
Ocho años después regresó a una elección estatal y sorprendió primero dentro de su propio partido. En las primarias demócratas derrotó a la representante Haley Stevens, quien contaba con el respaldo de importantes sectores del aparato partidista.
El-Sayed se identifica con el ala progresista del Partido Demócrata y realizó su campaña alrededor de propuestas como Medicare for All, un sistema de cobertura sanitaria universal financiado públicamente, la reducción de la influencia del dinero corporativo en la política y medidas para enfrentar el aumento del costo de vida.
Gaza dividió a los demócratas
Otro de los asuntos que marcaron su candidatura fue la guerra en Gaza.
El-Sayed se ha opuesto a la ayuda militar estadounidense a Israel y ha calificado como genocidio las acciones israelíes en Gaza, posiciones que generaron una fuerte oposición de organizaciones proisraelíes y divisiones dentro del propio Partido Demócrata.
Organizaciones vinculadas al Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC) destinaron millones de dólares a esfuerzos para impedir que consiguiera la candidatura demócrata.
Las diferencias persistieron después de las primarias. Haley Stevens, derrotada por El-Sayed, terminó respaldando al republicano Mike Rogers después de una disputa relacionada con Israel.
Trump atacó directamente a El-Sayed
Donald Trump intervino personalmente en la contienda de Michigan para respaldar a Rogers y convirtió la religión de El-Sayed en uno de sus argumentos de campaña.
Trump y otros dirigentes republicanos acusaron al demócrata de mantener vínculos con la Hermandad Musulmana y algunos utilizaron expresiones como “yihadista” para referirse a él.
El-Sayed negó pertenecer o haber pertenecido a esa organización y las acusaciones sobre esos supuestos vínculos no fueron acompañadas de pruebas.
Durante la recta final, Trump llegó a invocar los atentados del 11 de septiembre de 2001 para pedir a los electores de Michigan que rechazaran al candidato demócrata.
El-Sayed respondió que los republicanos estaban intentando convertir su nombre, su apariencia y su religión en argumentos electorales.
Primer musulmán elegido al Senado
La victoria rompe una barrera que permanecía intacta en la política estadounidense.
Estados Unidos ya había elegido legisladores musulmanes para la Cámara de Representantes. Entre ellos se encuentran Keith Ellison, Ilhan Omar y Rashida Tlaib, esta última representante precisamente de Michigan.
Ningún musulmán había sido elegido hasta ahora al Senado.
El-Sayed asumirá su escaño en enero de 2027 y se convertirá entonces en el primer integrante de esa religión en formar parte de la Cámara alta estadounidense.
Su victoria combina así dos fenómenos de las elecciones intermedias de 2026: el aumento de la diversidad en los cargos de representación política y el avance de candidatos del ala progresista demócrata en estados electoralmente competitivos.
Trump había celebrado en agosto la nominación de El-Sayed porque consideraba que enfrentar a un candidato progresista facilitaría a los republicanos conquistar el escaño.
Tres meses después, los electores de Michigan eligieron a Abdul El-Sayed como su nuevo senador.










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