Brasil puso este domingo un freno a una sucesión de avances electorales de las derechas radicales en América Latina. Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta presidencial con 51.7 por ciento de los votos, frente a 48.2 por ciento del ultraderechista Flávio Bolsonaro, y obtuvo así un cuarto mandato al frente de la mayor economía de la región.
El triunfo de Lula en Brasil adquiere una dimensión que rebasa la política interna del país. Bolsonaro llegó a la segunda vuelta después de obtener 47 por ciento en la primera, frente a 45 por ciento del presidente, por lo que Lula tuvo que remontar la elección en tres semanas.
El resultado ocurre además después de victorias de fuerzas conservadoras y de derecha en distintos países de América Latina y en un contexto en el que el gobierno estadounidense de Donald Trump ha respaldado públicamente a candidatos y gobiernos ideológicamente afines, como ocurrió en Argentina y Honduras. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos considera que esa actuación representa un cambio respecto de la conducta seguida por Washington durante las tres décadas anteriores.
La victoria brasileña no significa que la ultraderecha haya retrocedido definitivamente. Los 48.2 puntos obtenidos por Flávio Bolsonaro muestran, por el contrario, que esa corriente conserva una fuerza electoral considerable en el país. Lo que cambia es que no consiguió hacerse de la Presidencia de Brasil.
Triunfo de Lula en Brasil revierte una elección que comenzó perdiendo
Lula, de 80 años, enfrentó una de las elecciones más cerradas de su trayectoria política.
Flávio Bolsonaro había sorprendido en la primera vuelta al colocarse por delante del presidente. La segunda ronda obligó al Partido de los Trabajadores y a sus aliados a recuperar electores en una campaña de apenas tres semanas.
El resultado final fue de 51.7 por ciento para Lula y 48.2 por ciento para Bolsonaro, con prácticamente la totalidad de las urnas contabilizadas.
El mandatario iniciará en enero de 2027 su cuarto periodo presidencial no consecutivo, después de gobernar Brasil entre 2003 y 2010 y regresar al poder en 2023.
La estrechez del resultado también obliga a matizar cualquier lectura sobre un supuesto retroceso generalizado de la ultraderecha. Bolsonaro quedó a menos de cuatro puntos de Lula y el bolsonarismo mantiene una amplia representación política y social.
Campaña de Lula denunció una intervención de Meta en las elecciones
La elección brasileña estuvo acompañada por una controversia sobre el funcionamiento de Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp.
La campaña de Lula denunció ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) un posible trato desigual de las plataformas digitales y sostuvo que algunas herramientas restringieron contenidos relacionados con el presidente mientras permitían acciones semejantes vinculadas con Flávio Bolsonaro.
Uno de los episodios ocurrió con Meta AI. Pruebas realizadas durante la campaña mostraron que determinados comandos relacionados con Lula eran rechazados, mientras otros vinculados con Bolsonaro sí permitían generar material electoral. Meta reconoció posteriormente una falla en sus mecanismos de protección, pero aseguró que también podía reproducirse utilizando determinadas referencias al presidente brasileño y negó cualquier intención política.
El TSE ordenó a Meta garantizar un trato igualitario entre las candidaturas y evitar restricciones injustificadas en la distribución, búsqueda o recomendación de contenidos. La resolución estableció multas de 500 mil reales diarios en caso de incumplimiento.
Días antes de la segunda vuelta, el propio tribunal abrió otra investigación y exigió explicaciones técnicas a Meta y X sobre posibles diferencias en el tratamiento de las candidaturas.
La autoridad electoral fue explícita en una precisión: la apertura de la investigación no demuestra que haya existido favorecimiento deliberado. Los elementos presentados justificaban investigar, pero todavía no permitían comprobar las irregularidades denunciadas.
Meta negó haber intervenido en las elecciones y atribuyó las anomalías a problemas técnicos.
Trump respaldó candidatos de derecha en Argentina y Honduras
La controversia brasileña ocurrió dentro de un escenario latinoamericano en el que el gobierno de Donald Trump ha asumido posiciones públicas a favor de aliados ideológicos.
El Servicio de Investigación del Congreso estadounidense documentó que la segunda administración de Trump ha intervenido públicamente en favor de determinados candidatos y partidos del continente, algo que calificó como un cambio respecto de la práctica general seguida por Washington durante aproximadamente 30 años.
Uno de los casos más claros ocurrió en Argentina antes de las elecciones legislativas de octubre de 2025.
Estados Unidos otorgó al gobierno de Javier Milei respaldo financiero, incluida una línea de intercambio de divisas por 20 mil millones de dólares. Trump vinculó públicamente la continuidad del apoyo con un resultado favorable para el oficialismo argentino.
Después de la victoria electoral de Milei, el presidente estadounidense reconoció abiertamente su participación: afirmó que el mandatario argentino había recibido “mucha ayuda” de Washington y recordó el respaldo que personalmente le había otorgado.
Una situación semejante ocurrió en Honduras.
Trump apoyó al conservador Nasry Asfura antes de las elecciones presidenciales de noviembre de 2025 y advirtió que Estados Unidos no seguiría destinando recursos al país si su candidato no resultaba vencedor. Asfura terminó ganando la Presidencia.
Trump también presionó a Brasil por el proceso contra Jair Bolsonaro
Brasil ya había enfrentado presiones provenientes de Washington antes de la elección presidencial.
Durante el proceso contra Jair Bolsonaro por su participación en el intento de revertir el resultado electoral de 2022, Trump anunció aumentos arancelarios contra productos brasileños y su administración impuso sanciones a integrantes del Supremo Tribunal Federal.
El gobierno estadounidense justificó parte de esas medidas en lo que calificó como una persecución política contra Bolsonaro.
El propio Servicio de Investigación del Congreso estadounidense señala que las acciones fueron rechazadas tanto por el gobierno de centroizquierda de Lula como por dirigentes de centroderecha del Congreso brasileño, que las consideraron intervenciones injustificadas en los asuntos internos del país.
Ese antecedente convirtió la relación con Estados Unidos y la defensa de la soberanía brasileña en componentes de la disputa política interna.
Serbia derrota a Vučić, pero no supone un triunfo de la izquierda
Brasil no fue el único país que produjo este domingo un resultado contrario a una fuerza nacionalista conservadora.
En Serbia, Aleksandar Vučić reconoció la derrota de su bloque frente a una lista surgida del movimiento estudiantil que protagonizó durante casi dos años movilizaciones contra su gobierno.
Las proyecciones preliminares otorgaron alrededor de 52 por ciento de los votos a la Lista Estudiantil y una mayoría de entre 135 y 140 de los 250 escaños del Parlamento.
Sin embargo, el resultado no puede describirse estrictamente como una victoria de la izquierda.
El movimiento estudiantil serbio reúne sectores ideológicamente diversos. Su principal punto de coincidencia ha sido la oposición al sistema político construido alrededor de Vučić, así como las demandas contra la corrupción y por el fortalecimiento de las instituciones democráticas.
Las movilizaciones comenzaron después de la muerte de 16 personas por el derrumbe de una marquesina en la estación ferroviaria de Novi Sad en noviembre de 2024 y terminaron convirtiéndose en un movimiento nacional.
La coincidencia temporal resulta, pese a ello, significativa: en una misma jornada fueron derrotadas electoralmente dos fuerzas nacionalistas conservadoras con importante presencia política en Brasil y Serbia.
Elecciones intermedias de Estados Unidos serán la siguiente prueba
El siguiente proceso de alcance internacional llegará en noviembre con las elecciones intermedias de Estados Unidos, en las que se renovará toda la Cámara de Representantes y parte del Senado.
Funcionarios electorales, especialistas y organizaciones civiles estadounidenses se preparan ante posibles intentos de interferencia política, campañas de desinformación, ataques informáticos y episodios de violencia.
Reuters documentó nueve escenarios mediante los cuales la administración Trump podría intentar ampliar o poner a prueba las atribuciones del gobierno federal en un sistema electoral cuya organización corresponde fundamentalmente a los estados. Entre ellos aparecen restricciones al voto por correo, actuaciones de agencias federales y denuncias de fraude sin sustento.
Esto no equivale a afirmar que Trump prepara un fraude electoral. Hasta ahora no existen elementos que permitan sostener semejante acusación como un hecho.
Las autoridades electorales estadounidenses, sin embargo, han reforzado medidas de seguridad y preparación jurídica ante posibles conflictos. Reuters señala que los casos comprobados de voto ilegal son extraordinariamente escasos en comparación con el tamaño del electorado estadounidense.
Brasil modifica el escenario de la izquierda en América Latina
El triunfo de Lula en Brasil no revierte por sí mismo el crecimiento de las derechas radicales en América Latina.
Tampoco permite anticipar lo que ocurrirá en otras elecciones.
Pero Brasil es la mayor economía y el país más poblado de América Latina, por lo que la permanencia de Lula conserva uno de los principales centros de poder regional bajo un gobierno de izquierda.
El resultado adquiere especial relevancia después de que la primera vuelta colocara a Bolsonaro por delante y mostrara la posibilidad real de que Brasil se sumara al conjunto de gobiernos latinoamericanos políticamente próximos a Trump.
La segunda vuelta modificó ese escenario.
Lula consiguió recuperar la diferencia en tres semanas y Brasil mantendrá hasta 2031 un gobierno encabezado por el Partido de los Trabajadores, mientras el bolsonarismo permanecerá como una fuerza opositora con casi la mitad del electorado.
Victoria de Lula antecede las elecciones de México en 2027
El resultado brasileño también tendrá repercusiones en el contexto político en el que México llegará a las elecciones de 2027, cuando se renovará la Cámara de Diputados y habrá comicios locales en distintas entidades.
Morena y sus aliados encontrarán un escenario continental distinto al que habría resultado de una victoria de Flávio Bolsonaro: las dos mayores economías latinoamericanas, Brasil y México, permanecerán gobernadas por fuerzas de izquierda.
Eso no significa que el resultado brasileño pueda trasladarse electoralmente a México. Los dos países tienen sistemas de partidos, coyunturas económicas y electorados distintos, y el triunfo de Lula no permite anticipar el comportamiento de los votantes mexicanos.
Sí representa un cambio en el entorno internacional de las izquierdas latinoamericanas.
Después de perder la primera vuelta y enfrentarse a una oposición que reunió prácticamente la mitad de los votos, Lula consiguió revertir el resultado.
La ultraderecha brasileña demostró nuevamente su fuerza electoral. Esta vez, sin embargo, 48.2 por ciento de los votos no le alcanzaron para recuperar la Presidencia de Brasil.














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