Los resultados de la prueba PISA 2025, dados a conocer el pasado 8 de septiembre en 91 países, representan más que una posición en un ranking internacional y deben analizarse a partir de la evolución histórica del sistema educativo y del contexto social que rodea al estudiantado mexicano, consideró la Mtra. Alejandra Alpuche Vélez, coordinadora general de las Preparatorias IBERO Puebla y Tlaxcala.
La evaluación, aplicada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a estudiantes de 15 años, registró una disminución en los resultados de México en lectura y matemáticas, mientras que en ciencias mostró una ligera mejoría respecto a la edición anterior.
De acuerdo con la académica, el análisis de los resultados debe centrarse en la comparación histórica y no únicamente en la posición que ocupa el país frente a otras naciones. Explicó que la prueba PISA establece seis niveles de desempeño y que el nivel 2 representa el umbral mínimo necesario para que una persona pueda participar plenamente en la sociedad.
En la edición 2025, México registró que alrededor del 50 por ciento de los estudiantes se ubicó en los niveles básicos de lectura y ciencias, mientras que en matemáticas la cifra fue de 30 por ciento. En comparación con los resultados de 2022, el país perdió siete puntos en lectura y matemáticas, aunque obtuvo un incremento de cuatro puntos en ciencias.
Alpuche Vélez destacó que esta tendencia no es exclusiva de México. Entre 2015 y 2025, los países participantes en PISA registraron una reducción promedio de 27 puntos en lectura, 22 en matemáticas y cerca de siete puntos en ciencias.
La especialista señaló que la propia OCDE ha relacionado esta disminución global con factores como el uso generalizado de dispositivos digitales, la reducción de los hábitos de lectura y una menor disposición del alumnado hacia la curiosidad y el aprendizaje.
En el caso mexicano, agregó, estos elementos se combinan con una serie de transformaciones recientes del sistema educativo. Entre ellas mencionó la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en 2019 y los efectos de la pandemia de COVID-19, que impactó directamente en estudiantes que durante ese periodo se encontraban en una etapa crucial para el desarrollo del pensamiento abstracto y el razonamiento formal.
A ello se sumó la implementación de la Nueva Escuela Mexicana en 2023. Aunque reconoció que el modelo incorpora elementos pedagógicos relevantes, consideró que uno de los principales retos se presentó en su implementación, debido a los tiempos limitados de capacitación para el profesorado y a los ajustes posteriores realizados en los planes educativos.
La académica también señaló que factores como la inseguridad, la violencia, los conflictos sindicales y la pobreza influyen en el desempeño escolar, ya que pueden provocar suspensión de clases o afectar las condiciones de infraestructura y equipamiento en los centros educativos.
Asimismo, destacó que, según la OCDE, cerca del 30 por ciento de los estudiantes que participaron en la prueba pertenecían a los niveles de mayor desventaja socioeconómica, una condición que no determina por sí sola los resultados, pero que sí puede influir en ellos.
Alpuche Vélez llamó además a reflexionar sobre las políticas públicas que buscan disminuir la deserción escolar y ampliar el acceso a la educación, advirtiendo que en algunos casos estas estrategias pueden dejar en segundo plano el fortalecimiento de la calidad educativa.
Entre otros aspectos, mencionó una creciente tendencia hacia la sobreprotección de niñas, niños y adolescentes, que puede dificultar el desarrollo de habilidades relacionadas con la disciplina, el esfuerzo y la tolerancia a la frustración.
Finalmente, subrayó que el uso intensivo de dispositivos digitales y herramientas de inteligencia artificial puede afectar procesos de atención sostenida, comprensión lectora y razonamiento cuando sustituyen actividades fundamentales para el aprendizaje.










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