Durante la Mañanera del Pueblo de este jueves 20 de agosto, el Gobierno Federal presentó los detalles del Olinia Carga, el vehículo eléctrico de carga mexicano que se fabrica en Puebla y que buscará industrializarse a través de un esquema mixto entre el Estado y la iniciativa privada.
Ahí se dio a conocer que el prototipo soporta hasta 650 kilogramos útiles en plataforma, con capacidad para transportar 12 huacales estándar, además de un compartimento inferior tipo “cajuela baja” pensado para pequeños comerciantes, distribuidores locales y productores agrícolas que hoy dependen de motocarros de combustión.
En cuanto a su rendimiento, el vehículo alcanza una autonomía superior a los 120 kilómetros por carga completa y una velocidad máxima que rebasa los 120 kilómetros por hora, y puede recargarse en cualquier toma doméstica estándar, ya sea de 110 o 220 volts. Ahí radica, según se explicó durante la presentación, buena parte de su ventaja frente a las unidades de reparto que aún operan con gasolina.
A esto se suma el tema del costo: se estima que cada kilómetro recorrido tendría un gasto de 0.49 pesos, lo que representaría una reducción de hasta 75 por ciento en gastos de combustible respecto a un vehículo de carga convencional. Para cuando llegue a su etapa comercial, el precio proyectado arrancaría desde los 150 mil pesos.
Pero más allá de las cifras técnicas, el proyecto tiene un componente que las autoridades no han dejado de subrayar: se hizo en Puebla, con el trabajo de cerca de 70 jóvenes ingenieros, tecnólogos y especialistas, y de la mano de instituciones como la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, el Instituto Politécnico Nacional, la UNAM y el Tecnológico Nacional de México. Es justamente esa alianza entre gobierno federal y academia pública la que se ha planteado como el sello distintivo del Olinia frente a otras apuestas de electromovilidad que se han anunciado en el país.
Ahora viene la parte que definirá si el proyecto despega o se queda en prototipo: Nacional Financiera publicará a finales de septiembre los pliegos de la convocatoria pública para conformar la empresa de participación mixta que se encargará de producirlo a escala comercial. Las ofertas se recibirán en octubre y noviembre, el cierre de inversión está calculado para diciembre, y si los tiempos se cumplen, las primeras entregas —tanto del Olinia 1 como del Olinia Carga— llegarían entre el verano y finales de 2027.
Para Puebla, lo que está en juego no es solo la fabricación de un vehículo eléctrico, sino la posibilidad de consolidarse como punto de referencia en innovación pública dentro de la electromovilidad mexicana, justo cuando la convocatoria de Nafin abrirá la puerta a que la inversión privada entre a un esquema donde el Estado mantiene el control.









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