En un acto que trasciende lo simbólico para convertirse en una poderosa declaración política, la ciudad de Guadalajara ha sido testigo de un momento que quedará grabado en la memoria colectiva del movimiento feminista en Jalisco: la colocación del pañuelo morado en La Minerva. La mítica guardiana de la capital tapatía no solo porta ahora el color de nuestra resistencia, sino que se alza como el faro de una lucha que no piensa dar un paso atrás.
Este evento, encabezado por la colectiva Las Paritaristas, no fue solo una intervención urbana; fue la culminación de una jornada de reflexión y exigencia de justicia que inició en el Aula Magna del Tribunal Electoral. Ahí, con la presentación del documental “Vendrán Tiempos Mejores… Los Estamos Construyendo”, se recordaron las victorias ganadas a pulso: la paridad en puestos de poder y el seguimiento implacable a la violencia de género. Un dato no menor y esperanzador es que, de los 35 casos de feminicidio denunciados en el estado en 2025, todos han sido atendidos y vinculados a proceso, una muestra de que la vigilancia feminista sobre las instituciones da resultados.
La fundadora de las Paritaristas, Nancy Castañeda, destacó en su intervención que la lucha feminista no es solo de las mujeres, si no un esfuerzo transversal y que la marcha del 8 de marzo continúa siendo una incansable lucha hasta que todas tengamos garantizados nuestros derechos.

El morado: un hilo que nos une con la historia
Ver el pañuelo morado abrazar a La Minerva es invocar a nuestras ancestras. Este color no es una elección estética; es un homenaje a las sufragistas y un tributo a las más de cien mujeres que perdieron la vida en el incendio de la fábrica Triangle Waist Co. en 1911. El morado es el humo de aquellas que lucharon por dignidad laboral y que hoy, en pleno 2026, sigue tiñendo nuestras banderas para exigir igualdad sustantiva en los gobiernos y en las calles.
Que La Minerva, el símbolo máximo de la identidad jalisciense, porte el pañuelo es un logro de gestión, sororidad y organización política entre la colectiva, la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres, y regidoras como Luz María Alatorre. Representa que la agenda feminista ha tomado los espacios públicos más sagrados de la ciudad, recordándonos que lo que no se nombra y no se ve, no existe.
La colocación de este pañuelo es el preludio necesario para la gran movilización de este 8 de marzo. Marchar este domingo no es solo un acto de presencia; es la reafirmación de que los “tiempos mejores” de los que habla el documental no llegan solos: los estamos construyendo juntas.









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